Comentario crítico a 'La Fosa de agua' de Lydiette Carrión
Un acercamiento narratológico sobre literatura de no ficción
El género de no ficción al ser relativamente nuevo, es en sí una forma narrativa novedosa. El enfoque que mantiene a partir de principalmente transmitir información, y que por ende su materia creativa esté condicionada y delimitada por el tema central desde lo real, hace que sus posibilidades de escritura sean más limitadas que los géneros ficcionales que disfrutan de una ilimitada posibilidad de fondo y forma, aunado a tener a la mano un gran repertorio histórico creativo.
Por este lado, la escritura no ficcional parece estar siempre dispuesta a ser un laboratorio de experimentación literaria, y en el presente trabajo veremos la forma en la que Lydiette Carrión ha construido su obra, señalando específicamente algunos de los logros narrativos en ella. De primera instancia, observemos el hilo conductor que utiliza para entrelazar las diferentes historias (Bianca, Mariana, Yennifer, Andrea, Anahí, sus agresores y el sistema judicial) manteniendo de manera excepcional la dualidad expresiva entre el requerimiento periodístico y el poder de proporcionar algo más, poner sobre la mesa la historias detrás de las historia: el basto mundo de las víctimas que las narrativas convencionales se niegan a reconocer. La pregunta sería ¿Cómo pasar de una historia a otra con seguimiento y fluidez? Es lo que trataremos de ejemplificar.
Otro punto a destacar, es mencionar la pericia de la escritora, enfocada en colocar de manera sobresaliente ciertos aspectos que generan en el lector la necesidad de un profundo cuestionamiento sobre el sistema judicial de nuestro país a través de la narración tan desgarradora. Con esto logra transmitir el secreto a voces de la violencia sistemática, la impunidad y la colusión de las autoridades dentro de México durante la década pasada, y la importancia que esto sigue adquiriendo en 2026, pues vemos esto sigue siendo vigente pero pocas veces denunciado con este grado de efectividad, haciendo de la narrativa y los hechos un trabajo en conjunto para un bien común: la supervivencia y dignificación de las niñas y adolescentes pero también de la población en general de nuestro país.
Para este acercamiento, utilizaremos primordialmente la obra tan completa que Luz Aurora Pimentel ha dejado sobre los relatos: Relato en Perspectiva (2023). De esta manera, profundizar las formas narrativas particulares de Carrión en un tema tan importante y delicado y que si bien no entra en un fenómeno ficcional como usualmente se usa la narratología, Aurora Pimentel nos introduce:
“[…]nuestra vida está tejida de relatos: a diario narramos y nos narramos el mundo. Nuestra memoria e interés nos llevan a operar una incesante selección de incidentes a partir de nuestra vida, de la vida de los otros, del mundo que nos hemos ido narrando; una selección orientada de nuestra experiencia, para llevar a cabo una ‛composición’ que signifique y/o resignifique esa experiencia ” (7).[1]
Es importante comprender porqué las narraciones como las de Carrión son imprescindibles para un cambio. Primero, nuestra memoria e interés son manejadas por lo que nos llegamos a enterar, sino tenemos la información es imposible que narremos, individual o colectivamente, por lo que el trabajo documental que Carrión entrega es la pauta inicial para que podamos generar alguna narrativa. De no ser así las historias de las chicas como Bianca de 14 años, se pudieron haber quedado escondidas en un número foliado:
“El 12 de abril de 2013, casi un año después de la desaparición de su hija, los padres de Bianca supieron de la carpeta de investigación número 241970550058412, en la que se describía con verborrea legaloide la violación, golpiza, tortura y asesinato de una joven a la que le habían calculado entre 20 y 25 años de edad al momento de su muerte ” (Carrión, 64)[2]
En este punto la autora no solo entrega información, que demuestra la redondamente absurda y letalmente real forma de actuar del sistema encargado de brindar justicia, lo que entrega en una forma multifacética de información periodística, además del reconocimiento escrito de la falta de tacto, las realidades burocráticas y legales con las que se da la identificación de un cuerpo a civiles (nada menos que los padres de la víctima) y por último, resaltar la terrible falta de capacitación e interés que tiene el Estado para las víctimas y sus familiares. En este solo trayecto, Carrión deja ver mediante su narrativa que la información directa no está en pugna con la empatía y que existía o existe un problema enorme en cuanto a resolución de feminicidios.
El segundo punto de interés respecto a la introducción de Pimentel, sería que esta selección de narraciones orientadas (orientación servida por el trabajo de Lydiette), llega a dos puntos de resignificación, el propio y el de la obra. El propio es el resultado de algo que mencioné al principio, el cambio comunitario, y sin aminorar la carga que esto conlleva, más bien nos centraremos en la resignificación de las narraciones propias de la obra. Esto de igual forma nos lleva a dos tipo de pensamiento, el fenómeno de resignificación sobre las desapariciones como tópico de violencia en México, surgido a partir del best seller, y la resignificación misma con la cual avanzaban las narraciones, siendo este nuestro punto a tratar.
Capitularmente la autora posiciona como título los nombres de las chicas, totalmente como forma de respeto y posicionamiento focal de la narración. Si para el Estado ella es el caso número: 241970550058412, mal enfocado, mal documentado y mal instituido; para Lydiette es “Bianca”, todo un capitulo no solo de información si no de introducción a su vida, que no parará en este, pero que tiene un acercamiento profundo para presentar a alguien que fue y es mucho más que la forma de su muerte. Con esto se transforma, del fenómeno de desatención y negligencia, al mundo sintiente de las personas que son víctimas de estas feroces desapariciones. Este mundo se constituye al ser mencionado: los amigos que frecuentaban, sus disputas, las recámaras que habitaban, sus gustos y anhelos, sus sueños; el construirlas por medio del relato de una manera real. Esto por ejemplo es visible cuando narra parte de la vida de Mariana:
“Era una joven que estaba alcanzando la cualidad más preciada y difícil de todas: la libertad[…] un gran logro para una mujer joven en un país cuyas leyes, cultura y educación sentimental solo conciben a las de su género y edad como personajes de telenovela: enamoradas, vulnerables, inválidas y bonitas, siempre de manera plástica, irreal” (116).
Mariana toma forma y presencia en el texto, esto es una decisión narrativa tan importante que las dota de existencia. Mencionarlas como eran, fuera de la cifra y del infierno laberíntico de su caso las hace para el lector que nos las conoce, una humana cercana. Son estas partes que Carrión decide conocer y relevar, las que envuelven al sistema narrativo y crean de todo esto lo que Chatman comenta como enunciado narrativo: “Una postura de ballet, una serie de tomas cinematográficas, un párrafo entero en una novela, o una sola palabra, cualquiera de ellos pueden manifestar un solo enunciado narrativo” (146).[3] Todas las personas-víctimas en la obra, adquieren gracias a su trabajo de reconocimiento la categoría literaria de enunciados narrativos existentes más allá de la tragedia. Esto ciertamente les devuelve el valor humano y la dignidad que merecen, escapando del enjuiciamiento y al carácter revictimizante al que fueron sometidas sus personas y sus familias tras los asesinatos.
Esto es una introducción pues con los trabajos de ambas autoras podemos seguir indagando algunas de las características que forman de este texto, un prominente hallazgo en donde la narrativa escogida y consciente puede crear hallazgos útiles y sorprendentes para la vida que enfrentamos.
[1] Pimentel, Luz Aurora. (2023). El relato en perspectiva. Editorial Siglo veintiuno editores.
[2] Carrión, Lydiette. (2018). La Fosa de Agua. Editorial Debate.
[3] Chatman, Seymor, (1978). Historia y discurso: Estructura narrativa en la ficción y el cine. Editorial Ithaka.










