Crisis terminal del régimen
La reacción de la presidenta Sheinbaum de estos días está a la altura de la crisis terminal que vive el régimen obradorista. El escándalo en el INE es muestra de lo que ha traído la llamada cuarta transformación: destrucción de lo que estaba bien y, en lugar de eso, parcialidad, incompetencia y desbordada venalidad. No robar, no mentir, no traicionar, mantra que se niega día con día y más con la impunidad existente.
Es admirable que, a pesar del escándalo, o quizás por eso mismo, ni siquiera esté de por medio la consideración sobre la inconveniencia de ir a elecciones con un órgano parcial y corrupto. De hecho, el tema central es la manera como el régimen político se hizo del INE, que no solamente tiene que ver con la elección de la señora Taddei como consejera presidente, sino con todas las decisiones tomadas después de la elección intermedia.
Los últimos siete consejeros, incluida la presidenta, fueron seleccionados para representar al régimen y han cumplido con creces. El rosario de decisiones del Consejo General lo prueba: la asignación espuria de mayoría calificada a un partido, la validación de la elección del acordeón, aprobar las campañas anticipadas de Morena, la autorización de las boletas planchadas, la sanción a dirigentes partidistas en ejercicio de su libertad de expresión, el cambio en la verificación de los observadores electorales y otras.
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