TEOTIHUACAN, Edoméx., 1 de noviembre de 2016.-La tradición de celebrar el Día de Muertos se remonta a épocas prehispánicas, los mexicas creían que el rumbo de las energías que despedían los difuntos era determinado por el tipo de muerte que habían sufrido y no por su comportamiento en vida. Celebraban el Miccailhuitontli o fiesta de los muertitos, así como el Ueymicailhuitli, o de los muertos grandes.

La fiesta de los muertos en la actualidad proviene del sincretismo indígena y español, la importancia singular en la vida ceremonial de los pueblos indígenas por su relación con la ideología, la cosmovisión, la religión, el arte y la agricultura incorpora los fundamentos del pensamiento mesoamericano y de la evangelización colonial, así mismo incluye los temas actuales y los procesos dinámicos del tiempo moderno.

Desde el 31 de octubre hasta el 2 de noviembre se desarrollan actos rituales en hogares y panteones, donde se construyen ofrendas y altares para “recibir” las almas de nuestros parientes o seres queridos que ya fallecieron. El 31 de octubre se instala la comida para los niños difuntos integrada por alimentos sin picante, golosinas y frutas; llegan primero los lactantes que tienen una agilidad para transportarse, pues se dice que no comieron maíz, ni tuvieron vínculo con el fuego y los productos de la tierra.

Al mediodía y hasta la mañana del 1 de noviembre hacen su arribo los niños finados que comieron maíz, hasta los adolescentes que no tuvieron relaciones sexuales. En la tarde de este día y hasta el 2 de noviembre llegan los adultos cuya ofrenda consiste en comidas y bebidas de: tamales, mole, caldos, arroz, chocolate, café, atole, pan, refrescos, licores, cervezas, agua, dulces, plátanos, naranjas, manzanas, sandías, cigarros y toda clase de comestibles y objetos preferidos por los difuntos en vida.

Las viandas establecen importantes códigos de significación y encierran lenguajes que fungen como medio de comunicación con los finados. La distribución, el grupo, los colores, los olores, los sabores, las texturas, la naturaleza temperamental y el origen de los comestibles, emiten mensajes que se refieren a los gustos y los espacios donde se cree que residen los muertos.

La tradición del Día de Muertos, nombrada en el año 2003 por la UNESCO como Patrimonio Intangible de la Humanidad, es un símbolo de nuestro culto a la muerte y a la fascinación que nos provoca lo desconocido.