El cuidado digno: la nueva frontera de la prosperidad compartida
Durante décadas, la política social en México se concentró en combatir la pobreza, ampliar derechos y generar oportunidades para los sectores históricamente excluidos. Sin embargo, existe una dimensión fundamental de la vida humana que durante mucho tiempo permaneció invisibilizada: el cuidado.
¿Quién cuida a las niñas y los niños mientras sus padres trabajan? ¿Quién acompaña a las personas adultas mayores cuando la edad limita su autonomía? ¿Quién atiende a las personas con discapacidad o a quienes enfrentan una enfermedad prolongada? ¿Quién sostiene diariamente la vida de millones de familias mexicanas?
La respuesta ha sido, en la mayoría de los casos, la misma: las mujeres.
Por generaciones, el trabajo de cuidados ha sido considerado una obligación privada y familiar, cuando en realidad constituye una actividad indispensable para el funcionamiento de toda la sociedad. Sin cuidados no hay desarrollo económico, no hay productividad, no hay educación, no hay bienestar y tampoco hay cohesión social.
Por ello, la iniciativa de Ley del Derecho al Cuidado Digno del Estado de México representa uno de los avances más significativos de nuestro tiempo. No se trata únicamente de una reforma jurídica; se trata de una nueva visión de justicia social inspirada en los principios del Humanismo Mexicano que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum y que en nuestra entidad impulsa con convicción la gobernadora Delfina Gómez Álvarez.
La prosperidad compartida no puede medirse exclusivamente por el crecimiento económico o por los indicadores financieros. La verdadera prosperidad se construye cuando los beneficios del desarrollo llegan a todas las personas y cuando el Estado reconoce aquellas actividades que sostienen la vida cotidiana de las familias. Bajo esta perspectiva, la iniciativa reconoce algo profundamente humano: todas las personas necesitamos cuidados en algún momento de nuestra existencia y todas tenemos derecho a recibirlos con dignidad.
La infancia requiere protección y acompañamiento para desarrollarse plenamente. Las personas adultas mayores merecen vivir esta etapa de su vida con respeto y seguridad. Las personas con discapacidad tienen derecho a contar con apoyos que garanticen su inclusión y autonomía. Las personas enfermas necesitan atención y respaldo, y quienes dedican su tiempo y esfuerzo a cuidar a otros también merecen reconocimiento, capacitación y apoyo institucional.
La propuesta legislativa rompe con una visión individualista que durante años trasladó toda la responsabilidad del cuidado a las familias, particularmente a las mujeres. En su lugar, plantea una nueva lógica de corresponsabilidad donde el Estado, la sociedad, las comunidades, las empresas y los hogares participan conjuntamente en la construcción de una red de protección social. Este enfoque tiene una enorme relevancia para el Estado de México (EMX), la entidad más poblada del país y una de las que enfrenta mayores desafíos en materia de atención a grupos vulnerables. La creación de un Sistema Integral de Cuidados permitirá coordinar esfuerzos institucionales, diseñar políticas públicas permanentes y acercar servicios a quienes más los necesitan.
Pero además existe una dimensión económica que no debe pasar desapercibida. Durante años, millones de horas de trabajo de cuidados han permanecido fuera de las estadísticas económicas tradicionales, pese a que representan una contribución invaluable para la sociedad. Al reconocer el valor social y económico de estas tareas, la iniciativa abre la puerta para generar condiciones que permitan a miles de mujeres incorporarse al mercado laboral, continuar sus estudios o emprender proyectos productivos sin renunciar a sus responsabilidades familiares. En otras palabras, invertir en cuidados no es un gasto; es una inversión estratégica para el desarrollo humano y económico.
El Humanismo Mexicano ha demostrado que el bienestar no debe concentrarse en unos cuantos, sino distribuirse entre todas y todos. Esa es precisamente la esencia de la prosperidad compartida: construir una sociedad donde nadie quede atrás y donde los derechos sociales se conviertan en realidades tangibles. La iniciativa de Cuidado Digno se inscribe plenamente en esta visión transformadora. Reconoce que el bienestar colectivo comienza en los hogares, en las comunidades y en las relaciones de solidaridad que permiten sostener la vida cotidiana.
Cuando una persona adulta mayor recibe atención adecuada, gana toda la familia. Cuando una mujer cuenta con apoyos para equilibrar su vida laboral y familiar, gana toda la sociedad. Cuando una persona con discapacidad encuentra condiciones para desarrollar su potencial, gana toda la comunidad y cuando el cuidado deja de ser una carga individual y se convierte en una responsabilidad compartida, gana México.
La grandeza de una sociedad no se mide únicamente por la riqueza que produce, sino por la forma en que protege a quienes más necesitan apoyo. Por ello, la Ley del Derecho al Cuidado Digno representa mucho más que una iniciativa legislativa: es un paso firme hacia una sociedad más justa, más igualitaria y más humana.
El Estado de México (EMX) tiene hoy la oportunidad de colocarse a la vanguardia nacional en la construcción de una política pública que reconoce el valor de las personas por encima de cualquier otra consideración. Esa es la esencia del Humanismo Mexicano, de la ruta de la transformación y , sin duda, la verdadera prosperidad compartida.






