El Edomex: primero la transformación, después las aspiraciones
En política, los tiempos importan tanto como los propósitos. Adelantar las aspiraciones personales cuando todavía existen responsabilidades colectivas por cumplir puede convertirse en un grave error. En el Estado de México (EMX) comienzan a manifestarse movimientos políticos que, con la mirada puesta en la elección de gobernador de 2029, amenazan con distraer la atención de lo verdaderamente importante: consolidar la Cuarta Transformación y responder a las expectativas de millones de mexiquenses que votaron por un cambio profundo en la manera de gobernar.
No podemos ignorar que al interior de Morena existen liderazgos con legítimas aspiraciones políticas. Sin embargo, ninguna trayectoria, por importante que sea, otorga el derecho de anteponer un proyecto personal al interés colectivo. Las versiones sobre la movilización de equipos políticos rumbo a 2029 deben conducirnos a una reflexión seria. No se trata de cuestionar el derecho de nadie a aspirar, sino de advertir que la competencia anticipada por el poder puede terminar debilitando al gobierno que todos tenemos la responsabilidad de fortalecer.
La maestra Delfina Gómez encabeza un proceso histórico. Su triunfo en 2023 significó mucho más que la alternancia partidista después de casi un siglo de gobiernos de un mismo signo político. Representó la posibilidad de transformar las estructuras de poder, combatir privilegios, recuperar la confianza ciudadana y construir un gobierno comprometido con quienes durante décadas permanecieron excluidos de las decisiones públicas. Ese mandato popular no puede quedar subordinado a los cálculos electorales de quienes ya imaginan la sucesión gubernamental.
Hoy, la prioridad debe ser acompañar a la gobernadora Delfina Gómez en la consolidación de sus políticas públicas. El Estado de México (EMX) enfrenta desafíos estructurales en materia de seguridad, movilidad, salud, educación, agua, desarrollo urbano y desigualdad territorial. Resolverlos exige coordinación institucional, disciplina política y una visión de largo plazo.
A ello se suma una circunstancia extraordinaria: el compromiso de la presidenta Claudia Sheinbaum con el desarrollo de nuestra entidad. La inversión federal proyectada para el oriente mexiquense, particularmente mediante el Plan Integral para el Oriente del Estado de México (EMX), representa una oportunidad histórica para atender rezagos acumulados durante generaciones.
La modernización de la infraestructura hidráulica, el fortalecimiento de los servicios de salud, la ampliación de los sistemas de transporte público, la recuperación de espacios urbanos y la inversión en bienestar social deben convertirse en los pilares de una nueva etapa de desarrollo regional. No podemos permitir que semejante oportunidad se diluya entre disputas internas, estructuras electorales anticipadas y competencias por posicionamientos personales.
El segundo piso de la Cuarta Transformación no se construye con precandidaturas adelantadas, sino con resultados de gobierno. Por ello, Morena necesita abrir una discusión distinta a la que parecen impulsar las ambiciones sucesorias. En lugar de preguntarnos quién será candidato en 2029, debemos preguntarnos qué Estado de México queremos entregar a la ciudadanía al concluir la actual administración.
Necesitamos un verdadero plan de consolidación de la Cuarta Transformación en nuestra entidad. Un programa político y social que articule los esfuerzos del gobierno estatal, el gobierno federal, los municipios, los legisladores y las organizaciones populares alrededor de objetivos concretos y verificables. Ese plan debe tener como primera prioridad el combate a la pobreza y la desigualdad. No basta con administrar los programas sociales; es indispensable convertirlos en instrumentos de transformación estructural que amplíen las oportunidades educativas, laborales y productivas de la población.
Una segunda prioridad debe ser la transformación territorial. El oriente del Estado de México (EMX) requiere una política integral que supere la fragmentación municipal y permita construir soluciones metropolitanas en movilidad, agua, seguridad, vivienda y servicios públicos.
La tercera prioridad debe ser el fortalecimiento de los servicios públicos, particularmente la salud y la educación. La consolidación de IMSS-Bienestar, la infraestructura hospitalaria y la atención primaria son condiciones fundamentales para materializar el derecho a la salud.
La cuarta prioridad consiste en recuperar la vida democrática de Morena. Nuestro movimiento no nació para convertirse en una suma de grupos que disputan posiciones, sino para construir una nueva relación entre el poder público y la sociedad. Las estructuras territoriales deben servir para organizar al pueblo, escuchar sus demandas y fortalecer la participación ciudadana, no para anticipar disputas entre aspirantes.
Finalmente, necesitamos recuperar el sentido ético de la política. La Cuarta Transformación no puede reproducir las prácticas del viejo régimen, en el que los gobiernos eran utilizados como plataformas para preparar sucesiones y distribuir cuotas de poder. La lealtad a un proyecto político no se demuestra mediante declaraciones públicas ni mediante la multiplicación de actos de respaldo personal. Se demuestra trabajando, respetando las responsabilidades institucionales y contribuyendo a que los compromisos adquiridos con la ciudadanía se conviertan en realidades.
Es momento de cerrar filas alrededor de la gobernadora Delfina Gómez y de respaldar el esfuerzo transformador de la presidenta Claudia Sheinbaum. Cerrar filas no significa renunciar a la crítica ni cancelar el debate interno; significa comprender que las diferencias deben procesarse sin poner en riesgo la acción del gobierno ni la unidad del movimiento.
A quienes legítimamente aspiran a gobernar el Estado de México (EMX) en el futuro, habría que recordarles una verdad elemental: la mejor manera de construir una candidatura es contribuir al éxito de la transformación, no precipitar la sucesión. El pueblo mexiquense no nos otorgó su confianza para sustituir una élite política por otra, ni para reproducir las viejas disputas por el poder. Nos dio un mandato para transformar la realidad de nuestra entidad.





