El poder de la narrativa
Cuando una narrativa manipula para sostener el poder, deja de ser palabra y se convierte en arma. No busca la verdad, sino moldear percepciones, disfrazar intereses oscuros con discursos falsarios de unidad. Reitera una y otra vez: “no somos iguales” la gran mentira; “nuestro gobierno es del pueblo para el pueblo”. Pero su verdadero propósito es asegurar el poder para su propio beneficio, al costo que sea.
La narrativa de Morena no está diseñada para informar puntualmente a la sociedad de los hechos que son de su interés, tampoco para estimular el esfuerzo nacional, mucho menos para empoderar al pueblo. Por el contrario, la utilizan para fomentar el miedo, la división y la ignorancia, porque saben bien que “pueblo que piensa distinto no se deja manipular”.
La herramienta utilizada por el Estado persigue propósitos claros: controlar la mente y el voto de las multitudes, someter a su voluntad la opinión pública, pulverizar la sociedad confrontando unos contra otros, presente contra pasado, nosotros y ellos. La narrativa de Morena no ilumina: ensombrece. No busca despertar conciencias, sino aturdirlas. No busca ciudadanía activa: necesita un pueblo pasivo y obediente. Combate y teme a las preguntas de los críticos y opositores al régimen; por eso rehúye y miente al pueblo hasta la saciedad.
En la narrativa de Morena, la verdad no es un valor: es un recurso administrado a conveniencia para dirigir percepciones. La manipulan como el bolero a la franela para hacer brillar el zapato: no para limpiarlo, sino para que rechine y distraiga. La dosifican como ingrediente de una pócima que, a ratos, endulza y, a ratos, envenena, siempre al servicio del control.
La narrativa oficial, base de la llamada Nueva Escuela Mexicana, opera como un barbitúrico hipnótico, anestésico y adictivo: eficaz para sembrar confusiones colectivas, borrar de la memoria nacional errores, abusos y actos de corrupción, e implantar datos y conceptos sin contraste. Ahí están las múltiples críticas de especialistas y padres de familia a los contenidos y errores en los libros de texto; los amparos concedidos en diversos estados; y las observaciones de la ASF a programas sociales emblemáticos por padrones incompletos o beneficiarios no verificados. Todo ello mientras la 4ª T goza, sin límite ni pudor, de las mieles del poder que extrae insaciablemente de la riqueza nacional, amparada bajo los faldones de dos hermanas perversas: opacidad e impunidad.
Fabricando enemigos —«divide y vencerás»— es la estrategia desplegada y protegida por la narrativa del gobierno, manteniendo al pueblo que dice proteger confundido, fragmentado y temeroso. Ayer fue el “pasado neoliberal”; hoy son los «conservadores», mañana cualquiera que pregunte. El mensaje es uniforme: no pienses, repite.
Es probable que la gente se dé cuenta de lo que ocurre; sin embargo, los beneficiarios de algún programa social, contrato millonario o trámite ante el gobierno llevan al extremo su tolerancia e indiferencia. Quienes, de algún modo, se favorecen del estado de cosas, minimizan los daños a la nación, los ignoran, los esquivan, con una cómplice e “injustificada-justificación” que nos conduce al caos. De nuevo, los verdaderos datos llaman: a través de las múltiples y recurrentes observaciones a programas sociales; la militarización de funciones civiles; el asedio presupuestal y político a los órganos autónomos. Todo ello no es retórica: son patrones verificables con efectos medibles.
Llegó la hora naranja: un despertar colectivo, el surgimiento de un poderoso movimiento ciudadano, consciente, combativo y crítico, dispuesto a desenmascarar a los falsarios de la 4T y a combatir su narrativa. Que esa consigna se traduzca en hechos, desplegando el mayor activismo ciudadano: informar con fuentes verificables, solicitar información pública al amparo de la ley, organizar comités vecinales para vigilar el gasto local, participar como observadores electorales, asistir a cabildos y congresos, y exigir cuentas periódicas a nuestras autoridades. Solo una ciudadanía consciente y crítica puede romper la perversa narrativa de Morena, recuperar la voz de la pluralidad y de la diversidad, y proteger con ferocidad nuestras libertades e instituciones.
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