El reverso de la moneda: donde la Milpa Nos Enseña a Sanar la Historia
El otoño ha llegado. Para muchos de nosotros es una de las épocas más bellas del año. En mi caso en particular, tengo una relación especial con estos meses que anuncian la llegada del invierno: mi abuelita nació en octubre, mi mamá también, y yo... nací en este mismo mes. En septiembre nació mi papá, y me casé con una maravillosa mujer que hoy es mi esposa un 30 de septiembre. Para mí, estos meses son sinónimo de buenos tiempos.
Aunque también recordamos en la familia la fatídica fecha del 2 de octubre de 1968. Ese día, mi mamá, mi tía, mis tíos y mi abuelita decidieron acudir a la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco para manifestarse en contra de los abusos del gobierno la falta de democracia y la represión.
Mi familia fue a un mitin más, como muchos a los que habían asistido anteriormente, pues como familia de ferrocarrileros, siempre han estado del lado de la clase trabajadora, de las causas justas. Esa convicción se reafirmó en su formación en el Instituto Politécnico Nacional.
Ese día, fueron felices en apoyo al movimiento. Era cumpleaños de mi abuelita y decidieron celebrarlo en el mitin. Mi mamá ya estaba en la plaza, cobijada con el júbilo y ambiente de camaradería del movimiento; ella fue parte del Comité Nacional de Huelga, y los demás llegaron en apoyo. Incluso mi primo Mauricio asistió desde la panza de mi tía embarazada; él también fue testigo sobreviviente.
Todos ellos nunca se imaginaron que el mismo Estado cometería un terrible crimen ese triste día y masacraría a su juventud. Una juventud que tan solo buscaba expresar su desacuerdo con las políticas infames de los gobernantes en ese negro periodo de la historia.
Dispararon rifles y pistolas. Reprimieron con tanques de guerra y mataron estudiantes y personas inocentes. La fuerza del Estado se ejerció con bayonetas contra personas indefensas que solo portaban como arma sus ideas y sueños de un futuro más justo. Estos quedaron junto con la sangre en el piso, aplastadas por las botas militares, en ese mismo suelo que hace siglos fue uno de los mercados más grandes de Mesoamérica.
El Estado mató a sus propios hijos. Ese gris otoño se convertiría en una mancha indeleble de la historia mexicana, una mancha que nos obliga a gritar que el dos de octubre no se olvida, y que al paso del tiempo nos hace reflexionar y entender que el gobierno debe de servir siempre al pueblo y nunca debe ser de forma distinta. Ese sería el inicio de los cambios democráticos en el país.
Tiempos de Cosecha y la Sabiduría de la Milpa
Regresando a los aspectos buenos de esta temporada, llegado el otoño nos preparamos para recibir las festividades venideras, como el Día de Muertos, y posteriormente la grandiosa y sobrecogedora Navidad. Tal vez por todos estos motivos, cuando llega el otoño somos más felices; son tiempos de familia, de compartir y, un tema no menos relevante, tiempos de cosecha.
En estos meses, el campesino se prepara para cosechar los frutos que no solo son un regalo de la madre tierra, sino el resultado de su trabajo, esfuerzo y esperanzas. Durante largos meses cuidaron sus cultivos: desde sembrar con mucha fe la semilla, cuidar la plantita de las inclemencias del tiempo, de las plagas, de las malas hierbas, y día a día pedir que sus plantas tengan agüita suficiente para que crezcan, abonando y esperando que este año sí sea una buena cosecha.
Me consta esta dedicación porque mi papá es agricultor, y en estas épocas, al final de estos meses de otoño, antes de que el frío invierno llegue, él y todos los campesinos tendrán su recompensa.
El Ejemplo de las Tres Hermanas
En México, desde los tiempos antes de la llegada de los españoles a Mesoamérica, también se cosechaban los cultivos. Los productos principales eran sin duda alguna la fantástica tríada de la milpa: el maíz, que proporciona estructura y sombra; el frijol, que proporciona proteínas y fijación del nitrógeno; y la calabaza, que aporta cobertura y control de la maleza.
Esta relación de las Tres Hermanas es una maravilla de la tecnología milenaria, en donde conviven entre sí y sin competir. Cada uno de ellos aporta para lograr un ganar-ganar y así tener un desarrollo grupal.
Este ejemplo de convivencia, que han practicado y promovido los agricultores durante muchos años, ha conformado una sabiduría ancestral. Y nosotros, en estas épocas tan esperanzadoras que se aproximan, en donde estaremos cerca de las familias y amigos, deberíamos de ponerlo en práctica: aportar cada uno de nosotros lo mejor que esté de nuestra parte en pos del desarrollo armónico grupal.
La semana pasada, una gran escritora con la que platiqué me decía también que el clima del otoño es fantástico, ya que no hace aún frío, pero el agobiante calor también se ha ido. Tenemos, entonces, muchas cosas bellas en el otoño. Disfrutémoslo con una caminata larga, con una buena charla con el viento en el rostro, y agradezcamos estar vivos con nuestra familia, que es nuestra milpa. Sigamos sembrando esperanza en el futuro con nuestros hijos.
Al final, somos tan solo una hoja más en este otoño que se llama vida.










