La meta de crecimiento económico (4%) estará lejos de cumplirse este año.

Las calificadoras nos anuncian que vamos mal por las ocurrencias ideológicas del nuevo gobierno: hacer una refinería en lugar de rescatar a Pemex con inversión y asociaciones para explorar y explotar, más la cancelación del aeropuerto internacional.

La inversión productiva cae y la economía se frenó.

Vuelven las matanzas colectivas, los secuestros masivos y la inseguridad se dispara.

Antes de que eso haga mella en la popularidad presidencial, ha comenzado la cacería de brujas.

Se necesitan escándalos y linchamientos para entretener a la galería y justificarse ante ella.

El jueves, en Palacio Nacional, el titular de la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda (UIF), Santiago Nieto, lanzó el primer obús de tonelaje contra la libertad de expresión.

Ante el presidente de la República, anunció que persigue a quienes hicieron un documental sobre populismo en América Latina, centrado en la figura de López Obrador.

Habrá denuncias ante los tribunales, y según dice el presidente los castigos para esas penas serán menores.

Si las consecuencias son menores, ¿para qué emplear a la UIF en tareas pequeñas?

¿No es más importante rastrear recursos de secuestradores?

¿Vieron los bloqueos e incendios en Veracruz el fin de semana? Eso es por defender negocios criminales: ¿nada con ellos?

¿Por qué dedicar a la UIF a la persecución política?

El propósito es la venganza. Y minar el ánimo y la credibilidad de los críticos.

De nueva cuenta, AMLO “víctima de un complot” de los conservadores, los fifís, los camajanes.

Se están usando los instrumentos del Estado para investigar y acosar a los que no se pliegan al proyecto de López Obrador.

El manual populista dice que primero hay que sembrar el miedo entre los inconformes.

Luego, si es necesario, apretar más y cortar alguna cabeza para regocijo de la turba.

El jueves la fuerza del Estado recayó en los autores de un documental de escasa circulación y menor influencia en la campaña presidencial pasada, que desagradó a López Obrador. Y no perdonó.

Los analistas que se tragaron el anzuelo de que no habría venganzas ni represalias, hoy deben estar sorprendidos de su propia ingenuidad.

Primero amedrentar, y luego socavar la credibilidad de sus críticos. Eso ya está en marcha.

Hasta el jueves solo habíamos tenido pequeñas probadas de lo que se viene.

Al titular de la Comisión Reguladora de Energía, Guillermo García Alcocer, lo linchó el mismo personaje, Santiago Nieto, en la conferencia matutina en Palacio.

Familiares lejanos suyos fueron acusados sin fundamento alguno de presunto lavado de dinero, con base en sospechas y patrones de comportamiento, y que él era culpable de “conflicto de interés”.

A García Alcocer no le cortaron el cuello, lo dejaron vivir, pero le enseñaron el filo del hacha.

Después el ITESO de Guadalajara dio a conocer un estudio que muestra la existencia de una estructura de golpeadores en redes sociales -que alguien paga-, articulada para desprestigiar y agredir en sus mensajes a personas críticas de López Obrador.

El presidente respondió al día siguiente, miércoles, que eso era totalmente falso. Que él no tenía ningún grupo que lo defendiera en redes sociales.

Pero en esa conferencia del presidente estaban los operadores de las campañas de odio contra los críticos. Sí, ahí se encontraban los youtubers señalados por el ITESO.

Afuera de Palacio, los reporteros que cubren la fuente de presidencia eran esperados por una muchedumbre de seguidores de los youtubers que los insultaron: “¡mentiroso!”, “¡chayotero!”, “¡vendido!”, “¡arriba los youtubers!”, “¡prensa fifí!”. (Nota de Mariana León, en El Financiero del jueves 14).

Esos son los grupos que dicen que no existen. Están dedicados a amedrentar, a desprestigiar y a amilanar cualquier contrapeso al poder presidencial en redes sociales. Y el miércoles lo hicieron personalmente.

¿Qué sigue?

El siguiente paso será la aparición de algún libelo con información manipulada sobre periodistas críticos de AMLO, que dé pie al regodeo verbal del presidente en sus conferencias matutinas.

Tatiana Clouthier ya sacó el suyo. Viene más.

La difusión de datos manipulados contra críticos. Ahí están los pequeños pero molestos contrapesos de la palabra presidencial.

Después, si es necesario, tendremos la manipulación de los archivos del CISEN contra empresarios o figuras públicas no gratas al gobierno.

Con el manto de la “apertura de los archivos del pasado”, van a ventilar selectivamente lo que les conviene.

Tienen en su mano la información que todos los gobiernos poseen pero que nunca hacen pública, porque no se sabe qué es verdad, qué no lo es, y por apego a las leyes que protegen la vida privada de las personas.

Lo que ocurrió el jueves en Palacio Nacional marcó un quiebre en el discurso del respeto a la libertad de expresión y a la pluralidad.

Se viene la noche.

Salvo que las personas sensatas que rodean al presidente -que las hay-, le hagan ver que por ese camino vamos a una confrontación que México no se merece.

El problema, me dicen, es que nadie se atreve a decirle algo cuando está equivocado.