Mentiras que matan o la cortina de humo

Luis Acevedo Pesquera

La verdad es que primero me indigné y hasta me preocupé, pero cuando escuché los detalles del documento confidencial con la estrategia para debilitar al gobierno, me acordé de inmediato de aquella película que gira en torno de un escándalo sexual protagonizado por el presidente de Estados Unidos a unos días de su reelección.

Sí claro, nada que ver con lo que se trató de denunciar en la mañanera. Difícilmente aquí veríamos una aventura de ese tipo. Imaginen que alguien pueda ser seducida en Palacio Nacional con lecciones torcidas de historia o a cambio de alguna tarjeta asistencialista.

Lo que sí, quizá por el hecho de que participó el Coordinador de Comunicación social y Vocero de la Presidencia, apoyado por otros miembros del gabinete que validaron un dudoso Power Point, me trajo a la memoria la película Mentiras que matan o La cortina de humo, en la que se muestra la manera en que se inventan diversas historias para lo que se contrata a un famoso productor del cine hollywoodense, a fin de encubrir la realidad y los fracasos del gobierno.

Si la vieron, seguramente se acuerdan porque el productor de cine es protagonizado por Dustin Hoffman que, junto con un grupo de expertos (ahí sí), convence a todos de que la única manera de encubrir la degradación del cargo es mediante la invención de otra historia más fuerte y contundente, que será difundida por los medios de comunicación para conmover a la ciudadanía y mantener el respaldo al presidente.

Mientras que en la mañanera el pretexto fue mostrar la existencia de un ingenuo plan para debilitar al gobierno, en la película de Barry Levinson se inventa una guerra inexistente contra Albania para distraer la atención del público respecto de los graves problemas que involucran al presidente y a su gobierno.

Pero la realidad, a veces le juega rudo a la ficción.

Sobre todo cuando se intenta imponer en la agenda pública la existencia de un documento con el que se sugiere debilitar al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, especialmente cuando asuntos como la emergencia sanitaria, la crisis económica y social por el desempleo, el desplome de la inversión, el auge de la inseguridad y el endeudamiento externo –al que no se recurrirá -, si no son problemas a los que no se les ve solución en el corto plazo, pareciera que se les intenta esconder tras una cortina de humo.

Por ejemplo, el tema de la deuda es relevante porque se ha mantenido de manera sigilosa. El Banco Mundial (BM) otorgó a México un préstamo por mil millones de dólares para apoyar las acciones derivadas de la pandemia de Covid19, con lo que suman ya 10 créditos contratados por el gobierno de la Cuarta Transformación y que dan un acumulado del orden de 2 mil 563 millones de dólares.

Aunque siempre se ha dicho que durante este régimen no se acudiría al endeudamiento externo para no sacrificar el futuro de las generaciones venideras, ha sido un práctica constante.

Como muestra, van algunos datos proporcionados por la Secretaría de Hacienda que indican que, al cierre de 2018 cuando inició el gobierno del presidente López Obrador, el saldo de la deuda pública ascendía a 10.7 billones de pesos, pero al cierre del primer trimestre de 2020 ya suma 12.2 billones de pesos.

Pero quizá lo más grave es el costo de este endeudamiento, ya que tan solo por el pago de intereses se destinaron 460 mil 394 millones de pesos para premiar con réditos a quienes adquirieron títulos del gobierno federal en el mercado financiero mexicano, pero por la deuda externa el costo de los intereses fue equivalente a 206 mil 84 millones, pero de dólares.

Si comparamos esa cantidad con lo que el gobierno destina al sector salud, tenemos que se presupuestaron 575 mil 328 millones de pesos, cifra inferior en 14 por ciento a lo destinado para el pago de los intereses de la deuda.

Así, vemos que el tema de la deuda, como ha sucedido con los gobiernos anteriores no es más que un recurso retórico más porque está tan presente como siempre.

En tanto no se emprendan cambios estructurales en la economía mexicana, la deuda seguirá siendo un martirio para México y prevalecerán las deficiencias que afectan más a quienes menos tienen.

La realidad nacional no puede ser inventada cada mañana si no se dispone de una estructura política y económica verosímil para el conjunto de la sociedad; a su vez, para la ficción se requiere de talento, inteligencia y credibilidad.

Sin esos elementos, cualquier historia o insinuación conspiratoria no pasará de ser considerada otra cortina de humo o una mentira más.

Pero hay que recordar que las mentiras matan.

@lusacevedop