Entre banderas y lluvia, Eduardo se juega 12 horas por una buena venta
ATIZAPÁN DE ZARAGOZA, Edomex., 15 de septiembre de 2026.- Son las 8 de la mañana y Eduardo Villanueva ya está acomodando su mercancía frente a Plaza La Hacienda en el municipio de Atizapán de Zaragoza. Poco a poco, las banderas, moños, rehiletes y adornos de papel transforman el espacio en un pequeño rincón verde, blanco y rojo.
Desde hace cinco años repite la misma rutina cuando llega septiembre. Su jornada puede extenderse hasta las ocho de la noche, alrededor de 12 horas esperando a quienes buscan algún detalle para celebrar las Fiestas Patrias.
“Estamos desde las 8 de la mañana y normalmente nos vamos hasta las ocho de la noche. Es todo el día, pero hay que aprovechar la temporada”, cuenta Eduardo.

Aunque septiembre representa una oportunidad para vender, también llega acompañado de lluvia. Cuando comienza a caer fuerte, no le queda más que recoger antes de tiempo para evitar perder mercancía.
Cuando septiembre termina, cambia el oficio
Vender adornos patrios es solamente una parte de la manera en que Eduardo se gana la vida. El puesto cambia dependiendo de la temporada.
Durante otros meses vende plantas, flores, cerámica y artículos de jardinería. Cuando las ventas bajan o las circunstancias lo requieren, toma nuevamente sus herramientas y realiza trabajos de carpintería y plomería en casas.
“Uno tiene que buscarle. A veces son plantas, ahorita son las cosas mexicanas y también hago trabajos de carpintería o plomería cuando se necesita”, explica.

Banderas, moños y adornos llenan el puesto
Durante estos días, entre los productos más buscados están las banderas mexicanas, las series de papel, los moños para los bailables escolares y los pequeños adornos para automóviles.
Los precios cambian según el tamaño y material. Una bandera pequeña puede encontrarse aproximadamente desde 20 o 30 pesos, mientras que las más grandes pueden superar los 100 pesos. Matracas, rehiletes y accesorios sencillos suelen encontrarse desde los 15 hasta los 60 pesos.
Parte de esta mercancía la consigue en el Centro de la Ciudad de México. Sin embargo, Eduardo también ha tenido que recurrir a productos fabricados en China, principalmente porque son más económicos y permiten ofrecer opciones para diferentes bolsillos.
Una tradición que también ha cambiado
Cinco años vendiendo en el mismo punto le han permitido observar que las familias todavía compran para celebrar el 15 y 16 de septiembre, aunque ya no necesariamente en las mismas cantidades.

“La gente todavía compra, pero busca mucho los precios. A veces se llevan una bandera, un moño o algo pequeño para el carro; cada quien compra lo que puede”, comenta.
Eduardo permanece detrás del puesto, atento a los automóviles y a quienes caminan por la zona; cuenta que ha logrado grandes amistades con otros comerciantes, se recomiendan puntos de venta y a veces hasta se invitan un ‘taco’, agregó.
Así ha sido durante cinco años: septiembre llega, el puesto se pinta de verde, blanco y rojo y Eduardo vuelve a buscar, entre adornos y largas jornadas, una manera de salir adelante.










