Errores de Cálculo
Lo más desagradable para el presidente Trump, sus seguidores y los grupos económicos que lo apoyaron sería perder las elecciones en noviembre de este año. Si pierden la mayoría legislativa, habrán perdido el poder político y, con ello, la capacidad de controlar la toma de decisiones del Estado norteamericano. Esa es la batalla principal y la plataforma propagandística que sustenta acciones como decretar a la delincuencia organizada mexicana como “narcoterrorista”, calificativo que en México ha sido reforzado por sectores de la derecha con expresiones como “narco-políticos”, “gobierno narco” o, en el extremo, “narcoestado”.
Otra de esas acciones efectistas ante el electorado de Estados Unidos fue la presión —y posterior intervención militar— para capturar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, trasladarlo a una prisión de alta seguridad y acusarlo de narcotráfico. Sin embargo, ahora esas acusaciones parecen carecer de sustento jurídico suficiente para mantenerlo privado de la libertad.
El apoyo a Israel forma parte de una alianza que, según se afirma, fue decisiva para llevarlo a la presidencia. Bajo esa óptica, se trataría de un compromiso ineludible, pese a las presiones internacionales por los que se consideran excesos militares cometidos en la Franja de Gaza. Las operaciones no solo han alcanzado a militantes de Hamas, sino también a civiles y niños. A ello se suma el desplazamiento de población hacia zonas más seguras, así como la crisis de alimentos, atención médica y protección básica para sobrevivir, situaciones ampliamente documentadas y denunciadas en el ámbito internacional. A pesar de todo, Trump mantiene su respaldo político y militar a Israel.
La alianza militar escaló al atacar a Irán en un frente común entre Israel y Estados Unidos. La respuesta iraní fue contundente: logró penetrar el llamado “domo de hierro”, el sistema de defensa antiaérea israelí, y causó daños en su territorio. Fue la denominada “guerra de los doce días”. Estados Unidos atacó puntos estratégicos con el argumento de frenar el desarrollo nuclear iraní. Los enfrentamientos se detuvieron temporalmente, en lo que pareció una reorganización de la estrategia militar israelí con miras a una nueva intervención en territorio iraní.
En plena negociación para impedir que Irán desarrollara armas nucleares —proceso que, según diversos indicios, avanzaba favorablemente—, Estados Unidos e Israel atacaron territorio iraní. En esos operativos murieron altos mandos militares, incluido el ayatolá Alí Jameneí. La narrativa oficial justificó el ataque como un intento de propiciar un cambio de régimen.
Con la muerte del ayatolá, Estados Unidos e Israel habrían cometido al menos dos errores estratégicos. El primero consiste en haber eliminado a un líder religioso que se había manifestado en contra de la posesión de armas nucleares. La fatua de Jameneí contra el uso de armas nucleares y de destrucción masiva constituía una pieza clave en las negociaciones con Washington y Tel Aviv. Su desaparición abre la posibilidad de que su sucesor, el ayatolá Mojtaba Jameneí, pueda emitir un dictamen en sentido contrario. Bajo esa lógica, poseer un arma nuclear sería el único medio efectivo para obtener respeto en la arena internacional.
El segundo error radica en las circunstancias de su muerte. El ayatolá falleció en su residencia. A pesar del riesgo inminente, no abandonó su hogar ni buscó refugio ante lo que parecía un ataque seguro. Murió junto a líderes cercanos y mandos clave de las fuerzas armadas iraníes. Lejos de provocar protestas contra el régimen, su muerte parece haber fortalecido la cohesión entre el pueblo y los dirigentes de la república islámica. Fue presentado como mártir y, desde entonces, es venerado como tal.
Malas noticias para Trump, no habrá cambio de régimen en Irán.










