ATIZAPÁN, Edomex., 12 de abril de 2019.- A 100 años de la muerte de Emiliano Zapata, es fundamental conmemorar su legado histórico, ideológico y posición revolucionaria. Urge dejar de lado el estereotipo forjado del caudillo, afirmó el académico Rafael Hernández Ángeles, en la Universidad Autónoma del Estado de México.

Al participar en el Programa “Abril, Mes de la Lectura” de la UAEM, detalló que el estereotipo de Zapata comenzó a forjarse en 1911. Explicó que al no tener buena relación con la prensa de la época, se resaltó que fue un hombre ignorante, que no sabía leer y escribir, sediento de sangre y padre de al menos, 64 hijos.

En el Centro Universitario UAEM Valle de México, ubicado en el municipio de Atizapán, el historiador de la Universidad Nacional Autónoma de México resaltó que la prensa ensució los ideales revolucionarios que representó el Caudillo del Sur.

Los ideales de Zapata, puntualizó Hernández Ángeles, “siguen vigentes porque no se ha alcanzado la justicia social en el país; hay luchadores sociales, periodistas y campesinos que continúa siendo atacados”.

Expresó que los corridos, dando cuenta de sus hechos, fueron otro factor que forjó la figura del caudillo. Por ejemplo, abundó, existen 65 variantes del corrido de su muerte. En estas canciones, manifestó, se hablaba de él como un hombre valiente, arrojado, enamorado y sanguinario, lo cual se impregnó en el imaginario popular.

Consideró que las fotografías fueron otro elemento para formar el estereotipo de Emiliano Zapata, quien no creía en la importancia de las imágenes y, por ello, en las fotos se le aprecia de mal humor, osco y desconfiado. Además, indicó, no vestía de charro todo el tiempo y acostumbraba vestir de manta para evadir retenes y emboscadas.

Rafael Hernández Ángeles se pronunció por analizar la historia desde una visión alejada de los estereotipos, de las esculturas de bronce y mármol. Señaló que es crucial forjar una idea crítica de las personas que han tenido un papel sobresaliente en la historia nacional y dejar de lado el estereotipo, que los coloca como perfectos o incorruptibles.