La extorsión
La extorsión sucede cada vez que mediante amenazas alguien pretende obtener un beneficio económico a cambio de no dañar o no impedir que alguien obtenga lo que en derecho le corresponde. En México muchas personas tienen que pagar cuotas para poder realizar su trabajo o son amenazadas con algún tipo de violencia si no entregan una cantidad de dinero a cambio de su tranquilidad.
El delito de extorsión presenta un crecimiento preocupante. Las cifras señalan que ha habido un aumento del 45.3% respecto del 2024, que 24,135 personas de cada 100,000 afirman haber sido víctimas de este. Esto significa que 32 personas son extorsionadas cada día.
Hace tiempo escuché el relato de un automovilista que estacionaba su automóvil en la calle. En aquel lugar había un personaje que cuidaba los coches y recibía a cambio una propina por parte de los conductores. En una ocasión quien lo contaba le dijo que no tenía dinero para darle ese día. El sujeto le respondió enseñándole el vidrio roto de un coche, mientras le decía: “se le olvidó dos días”.
Durante mucho tiempo hemos ido construyendo una serie de realidades fruto de la precariedad de nuestra economía. Muchas personas viven en la informalidad realizando servicios: cuidar coches, limpiar parabrisas, vender comida en las calles y un largo etcétera. En muchas de esas actividades, desde hace muchos años, hay personas que cobran para dejarle a alguien operar en un determinado lugar. La calle se alquila, no se puede disponer de ella libremente.
Hay organizaciones que congregan distintos gremios, no solamente para proteger sus derechos: llevan muchos años gestionando espacios y cobrando para que algunos ocupen los mismos.
Hemos desarrollado estrategias para logar servicios de las autoridades mediante protestas y marchas, porque pareciera que el lenguaje que hemos aprendido es que si quieres algo necesitas arrebatarlo: nadie te dará lo que es tuyo si no lo exiges o si no presionas.
Otra persona me relataba, recientemente, un sucedido con un policía de tránsito. Cometió una infracción cuya pena era el corralón. El policía le dijo que cómo se podrían arreglar. El sujeto le dijo, pues lléveme al corralón. Comenzaron el recorrido y cada semáforo se acercaba el policía para conminarlo a encontrar un arreglo distinto del corralón. No estaba dispuesto a perder su ingreso.
El problema de la extorsión es múltiple. Lo practica el crimen organizado y algunos funcionarios públicos, de todos los colores, por cierto, a veces incluso sucede entre particulares. Es una realidad tan presente que es relativamente fácil mirarla como parte del panorama ordinario.
Es necesario combatirla frontalmente, pero el 90% de las víctimas prefiere no denunciar, pues no confía en la autoridad. No ser víctima de la extorsión requiere mucho valor. A veces supone perder años antes de obtener lo que nos corresponde. Otras, implica arriesgar la propia vida. No se puede pedir a la ciudadanía tanta heroicidad.










