La lucha por el poder, la democracia y las intervenciones externas: de Chile a México
La historia latinoamericana muestra cómo los discursos de democracia y libertad han sido instrumentalizados por potencias extranjeras para encubrir intereses geopolíticos y económicos. En los años setenta, Chile se convirtió en un caso emblemático con la caída de Salvador Allende y la imposición de un régimen autoritario que favoreció la apertura a los capitales transnacionales. Hoy, medio siglo después, México enfrenta un escenario distinto en su forma, pero similar en su fondo: presiones externas, narrativas construidas y disputas por el control de sus recursos estratégicos.
Chile: el laboratorio neoliberal
El golpe de Estado de 1973 contra Salvador Allende no solo representó la interrupción de un proyecto democrático, sino la consolidación de un modelo neoliberal impulsado desde Washington. Las reformas impuestas bajo el régimen militar favorecieron la privatización masiva y la inserción de Chile en la economía global bajo condiciones subordinadas. Las consecuencias fueron evidentes: concentración de la riqueza, debilitamiento del Estado y un costo social profundo para las mayorías. Este episodio evidenció cómo la retórica de defensa de la democracia puede encubrir la defensa de intereses privados y corporativos. Chile se convirtió en laboratorio, y América Latina en territorio de ensayo de un modelo económico dependiente.
México: soberanía en disputa
En el presente, México enfrenta presiones de otra índole, pero vinculadas al mismo dilema: ¿cómo garantizar el desarrollo nacional sin ceder soberanía ante las potencias externas? Las tensiones con Estados Unidos por el control de la frontera, la energía y el comercio, así como la creciente presencia de China en la región, colocan al país en el centro de una disputa estratégica. La historia muestra que la subordinación a agendas externas limita la capacidad de un Estado para desplegar políticas de justicia social y equidad. En este sentido, la defensa de la soberanía nacional se convierte en condición indispensable para que México trace su propio rumbo, tal como en su momento Allende lo intentó en Chile.
Subapartado: México, China y los aranceles: soberanía frente a las presiones externas
La reciente decisión del gobierno mexicano de aplicar aranceles a productos provenientes de China debe analizarse con cautela. Si bien responde a la necesidad de proteger industrias nacionales y alinearse con compromisos comerciales dentro del T-MEC, también expone a México al riesgo de represalias comerciales de Pekín y a una mayor dependencia de Washington. Lo fundamental en este debate es la soberanía económica. México no puede limitarse a actuar como extensión de los intereses de Estados Unidos en su pugna con China; debe diseñar una estrategia propia, enmarcada en lo que se ha denominado el Plan México: una ruta de desarrollo basada en el aprovechamiento de sus recursos naturales, energéticos y humanos, con visión de largo plazo. Un plan de esta naturaleza implica fortalecer cadenas de valor internas, invertir en ciencia y tecnología, y diversificar las relaciones internacionales para evitar la dependencia de un solo socio. El reto es enorme, pero constituye la vía para consolidar un desarrollo auténtico y no subordinado. En este contexto, imponer aranceles no debería significar un acto de alineamiento automático con la estrategia estadounidense, sino un paso calculado dentro de una política soberana que permita equilibrar intereses, proteger al mercado interno y al mismo tiempo mantener abiertos los canales con otras potencias.
Consideraciones finales
Chile nos recuerda que cuando la soberanía es sacrificada en nombre de intereses externos, los costos sociales son devastadores. México, por su parte, se encuentra en un punto de inflexión: debe aprender de la historia y asumir que solo con un proyecto propio, cimentado en el uso estratégico de sus recursos y en el fortalecimiento del Estado, podrá garantizar un desarrollo justo y equitativo. La narrativa de la democracia y la libertad no puede seguir siendo utilizada como pretexto para el saqueo de riquezas nacionales. América Latina debe transitar hacia una nueva etapa en la que la soberanía sea el eje rector de la política y el desarrollo.De esta forma, el gobierno de México, hace bien en resaltar el principio de Soberanía Nacional.










