La Marcha de la Generación Z
La marcha del sábado, protagonizada por jóvenes de la generación Z, dejó en claro que en México estamos presenciando un momento de transformación profunda. A pesar de la intromisión de la derecha en los asuntos de las y los jóvenes, la movilización expresó algo mucho más valioso, su capacidad de agencia para ser escuchados, reconocidos y tomados en serio como grupo. Y eso es precisamente lo que la Cuarta Transformación ha buscado desde su origen: abrir espacios, derribar desigualdades y garantizar que ninguna voz sea tratada como secundaria.
Durante décadas, los jóvenes fueron relegados del debate público. Pero hoy cuentan con un Estado que apuesta por ellos. Programas como 'Jóvenes Construyendo el Futuro' han permitido que millones accedan a capacitación laboral digna, evitando que la falta de oportunidades los empuje a la informalidad o, peor aún, a redes criminales. Las 'Becas Benito Juárez' han reducido drásticamente la deserción escolar y se han convertido en un pilar para que familias de bajos ingresos puedan garantizar la educación de sus hijas e hijos. Y el reciente impulso a la educación superior pública, con universidades para el bienestar y una visión humanista, coloca el conocimiento como un derecho y no un privilegio.
Estas políticas no son asistencialismo, como algunos insisten en repetir. Son un piso mínimo de dignidad que permite a las juventudes proyectar su futuro sin que la precariedad defina sus decisiones. La marcha del sábado confirma que tenemos jóvenes informados, críticos, que reconocen los avances pero también exigen más. Ese es el camino correcto: no retroceder, sino profundizar en lo que se ha logrado.
Por ello, desde la Cámara de Diputados he decidido impulsar una reforma a la Ley del Instituto Mexicano de la Juventud (IMJUVE). Nuestro objetivo es fortalecer la inclusión de todas las juventudes, especialmente aquellas históricamente invisibilizadas: jóvenes indígenas y afrodescendientes. No podemos hablar de participación política juvenil si no reconocemos primero la pluralidad de sus identidades, culturas y condiciones de vida.
México es un país diverso, pero nuestras leyes aún no reflejan plenamente esa diversidad. La reforma que estamos elaborando incorpora el reconocimiento explícito de las juventudes indígenas y afromexicanas, promoviendo políticas públicas diseñadas desde un enfoque intercultural, participativo y de justicia social. Esta actualización permitirá que sus demandas sean atendidas con la fuerza institucional que merecen y que el IMJUVE tenga herramientas para garantizar su desarrollo integral.
La marcha del sábado nos recuerda que las juventudes no son el futuro, son el presente. Y el presente de México está en movimiento. Como legisladora, como mujer y como ciudadana, mi compromiso es seguir acompañando a esta generación que exige un país más justo, más igualitario y más humano. Porque si algo ha demostrado la Cuarta Transformación es que los cambios verdaderos solo se construyen de la mano del pueblo, y las y los jóvenes son una parte esencial de ese pueblo que hoy levanta la voz con esperanza y determinación.










