La oposición
Es indudable que una buena conversación exige argumentos diversos. Si solamente expresamos las mismas ideas de uno y otro lado del diálogo el tema se agota rápidamente. La mera confrontación de opiniones encontradas tampoco augura un intercambio fructífero de puntos de vista, decae rápidamente en dos monólogos que se pierden lastimosamente en la falta de recepción o explotan en la más pura y ruda descalificación.
Para conversar es importante conseguir la atención del interlocutor. Expresar ideas que resulten en algún punto sugerentes a quien lo escucha, perspectivas que permitan considerar su propia idea desde una variante que no había considerado anteriormente.
El papel de la oposición en una democracia es lograr aportar lo que está siendo dejado de lado u olvidado. Hace falta tener causas por defender, establecer estrategias sistemáticas para presentar con datos duros y un discurso bien elaborado las carencias del discurso contrario. Una buena oposición tiene que lograr un argumento que no pueda ser ignorado, un punto tan claro que impida su silencio. Requiere de la sagacidad e inteligencia para encontrar y apoyar coincidencias, para exigir puntos que encontrarán aquiescencia en la posición contraria y creatividad y valor para no cejar en señalar tanto los errores como las oportunidades que nos se han advertido.
Desde hace muchos años no hay una verdadera discusión pública. Muchos partidos políticos han concentrado sus esfuerzos en conjuntar allegados y han olvidado salir a las calles para entender cuál es el sentir de los ciudadanos. Una de las grandes aciertos políticos de López Obrador es haber recorrido todos los rincones del país, haber socializado sus ideas en pequeños grupos a lo largo y ancho de nuestra geografía. Es innegable que ese trabajo de campo le dio una sensibilidad especial y le permitió comunicarse de modo adecuado con actores muchas veces marginados.
Un discurso, el que sea, pero especialmente el político tiene que ser verdadero y, al mismo tiempo, verosímil. Sirven de poco en la plaza pública las discusiones técnicas que no pueden ser expresadas en un lenguaje asequible a quienes no tienen unos conocimientos vastos sobre un determinado asunto. No hace falta una explicación larga del sistema inmunológico para convencer a una persona sobre la necesidad de una vacuna. Hay modos, en los que, sin renunciar a la verdad, se puede decir algo profundo de modo que sea comprensible para todos.
Muchos partidos políticos de oposición han ejecutado su propio ostracismo. Encerrados en sus camarillas para conservar sus privilegios, sus recursos, su participación en el entramado del poder, a costa de su propia pertinencia, han cancelado la posibilidad de reconocer porque sus propuestas no resultan creíbles, no han acertado en descubrir cuáles son los errores que los han alejado de los votantes y, peor aún, han renunciado a recomponerse a través del diálogo y la escucha de sus conciudadanos.
Pareciera que no han sabido abrazar causas, o si lo han hecho, no han conseguido comunicarlas suficientemente. Lo preocupante es que la democracia requiere de gobierno y oposición. Solamente así es posible mantener la pluralidad de visiones vivas dentro de la arena política. Una oposición extraviada y sin propuestas lejos de aportar ideas contribuye creando un vacío. No se puede generar una visión política sin reconocer los errores del pasado, sin aquilatar las aportaciones hechas, pero especialmente la participación se vuelve insustancial si no hay una propuesta de futuro, si no se es capaz de esbozar un camino distinto que suscite en quienes lo escuchan la esperanza de un mañana más promisorio.
Para que una idea prevalezca no se puede pensar que basta con decirle una vez. Es necesario repetirla de muchas veces y de modos distintos. Hace falta más propuestas concretas y claras que aporten los necesarios contrapesos para enriquecer nuestra visión de lo más conveniente para nuestro México. Se echa de menos una oposición y no se ve claramente si cuenta con los resortes para ser nuevamente una voz que complemente la del partido en el poder.






