Picotazo Político: Los idus de marzo
El exceso de doctrina futbolera con sus interminables horas frente al televisor nos deformó al grado de ver la vida como si todo se resolviese metiendo goles o fallándolos, sin matices, y todo se resume al bendito momento en el que se le pega la gana a la tribuna o a los especialistas de sofá, y no a lo que decide hacer la soberana voluntad del jugador.
Y con esta educación primaria básica es que tasamos todo de la vida y sus más graves problemas. ¿Quiere incendiar a un vecino, a un familiar o compañera de trabajo? Háblele de fut, de política y religión y llévele la contra, sin mayores fórmulas; sin duda lo van a querer matar.
Escuchamos muchas voces que indican saber lo que debería hacer la Presidenta de México con los narcos, los corruptos, los que le impusieron en el gabinete, con los que están en el Congreso… una orgía de gritos que piden a la mandataria que haga lo que la tribuna exige y no lo que los tiempos políticos indican.
“Es que la Presidenta no se deja ayudar”, “es que no rompe con López Obrador”, “es que debería meter a la cárcel a los júniors”, “es que no mueve a los que no le ayudan en el gabinete”, “es que no corre al gobernador de Sinaloa o de Tamaulipas”, “es que Trump da las órdenes y no se defiende”; el país de los “es que”, derivado de los conocedores de todo y especialistas en nada, histeria pura que refleja no solo ignorancia política, sino que nos regresa al sillón de la sala mientras, sin parpadear, nos encabronamos con el jugador porque no da un pase o tira a la portería: “¡chingadamadreeeee!”, dicen.
Golpes en la mesa de aquellos que quieren ver a Julio César tropical ser apuñalado 23 veces en la Curia de Pompeyo (15 de marzo del 44 a. C.), mientras que los LIBERTADORES (la pírrica oposición y sus deslactosados periodistas) sonríen creyendo que salvaron a la República; pues no.
No hay ni habrá un Marco Junio Bruto ni un Cayo Casio Longino de presidencia que “asesine” el pacto con López Obrador; no tiene por qué. Pero, sobre todo, ¿por qué creen que la Presidenta deba dinamitar a una figura como la de AMLO, que significa aún un planeta de simpatías dentro del universo de Morena y su base social?
Lo que sí ha venido ocurriendo es un sutil, bien calculado y firme movimiento traslatorio de un estilo de gobierno hacia otro; el puerto sexenal del pasado ya quedó atrás. Hoy, las naves presidenciales de la doctora Sheinbaum ocupan aguas muy distintas y, aunque aún llevan parte de la tripulación del viejo continente, también es cierto que los han ido sustituyendo por marineros y marineras totalmente claudistas, con un sentido distinto para tiempos diferentes, en donde los retos de este gobierno ocupan hombres y mujeres que le sigan el paso (y estrategia) a una mujer que ha demostrado un rechazo a la improvisación y a los arrancones temperamentales, propios de los ególatras que han ocupado la Presidencia.
Y esta virtud política de la mandataria ha podido hacer metástasis en regiones como el Estado de México (EMX, pues tampoco se puede negar que la propia gobernadora Delfina Gómez Álvarez ha ido experimentando una suerte de mayor autonomía y madurez política, un fenómeno que se debió a que ha sido la propia Presidenta de México la promotora de esta cabeza de playa en el Estado de México (EMX), con mayor presencia del Gobierno federal para el rescate de millones de ciudadanos que durante sexenios solo sirvieron como bolsas electorales.
Pero la tribuna es eso, un graderío en donde, por deformaciones de la democracia, se rechaza lo obvio o se mitifican espejismos. En la tribuna no se asiste a aprender ni a generar lecciones; se va a gritar, es el lugar para la catarsis y el linchamiento, dopamina social.
Ese es el estadio, cuyo único requisito es nunca estar de acuerdo con nada. Pero, a pesar de estos gritos desaforados, siempre hay un buen medio tiempo donde se aparecen algunos buenos espectáculos; si no, pregúntenle a Marx (el otro, el chiquito), hasta en las barras bravas existe consenso.






