«Me gusta la gente sentipensante, que no separa la razón del corazón. 
Que siente y piensa a la vez. Sin divorciar la cabeza del cuerpo, ni la emoción de la razón».
Eduardo Galeano

Mente vs. corazón

Roxana Bermúdez

Te encuentras en un estira y afloja entre lo que tu mente trata de imponerte y lo que tu corazón quiere sentir. Y entonces no sabes bien qué hacer, ¿te guías por las emociones que te brotan desde dentro o racionalizas despacio la situación?.

¿A quién escucho? Te estás preguntando.
Cuando existe un conflicto entre mente y corazón, muchas personas tratan de posicionarse. Por un lado, hay quien cree que la razón es superior a los sentimientos porque dejarnos llevar por estos nos hace vulnerables. Por otro lado, algunos creen que la emoción es primordial para poder amar a los demás y el amor nos mueve.

El ser humano se caracteriza por poseer razón y corazón y ambos forman un todo que no puede dividirse.

El corazón sabe sobre todo de adrenalina, de intuición, de desdicha, de amor y de fortaleza. Es él quien dará sentido a lo que hagas, aunque creas que no lo tenga.
La emoción es decisiva en un proceso racional. De hecho, dicen que son nuestros sentimientos los que marcan el camino, pero que es la cabeza quien escoge la mejor forma de situarnos en él.

Si no sabes qué hacer, comenzar por escuchar a tu cabeza es una buena opción. Primero porque ella es la encargada de pensar, de argumentar y de establecer sensatez a tu ser más intimo. Segundo porque es tu mente quien pondrá el granito de cordura que te puede estar haciendo falta.

Sin embargo, si no tienes más remedio que inclinar algo más la balanza hacia un lado, no dejes que tu corazón sea siervo de tu pensamiento. Recuerda que en la lógica no siempre está el acierto y que actuar sin estar en consonancia con lo que sientes te hará fallar. Es bueno que escuches lo que tiene que decirte.

“Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón”.
-Mario Benedetti-
Excelente artículo de Cristina Medina Gómez.
Bendecido jueves.