Las pequeñas y medianas empresas, el motor silencioso de la economía mexiquense
El Estado de México (EMX) no se mueve únicamente por sus grandes fábricas y centros comerciales; también vive de la tortillería que abastece a una colonia, del taller que repara automóviles, de la fonda donde comen los trabajadores y de la familia que convierte un oficio en su sustento.
Detrás de estos establecimientos están las micro, pequeñas y medianas empresas, presentes en nuestras calles y mercados, cuya importancia suele pasar inadvertida, aunque generan empleo, acercan productos y servicios y permiten que el dinero circule entre vecinos, proveedores y comunidades.
Los Censos Económicos 2024 del INEGI registraron más de 749 mil establecimientos privados y paraestatales en la entidad y casi 2.8 millones de personas ocupadas; aunque retratan un periodo anterior, revelan la dimensión de esta economía.
Entre los negocios predominan las microempresas, como una papelería o una estética familiar, mientras que las pequeñas y medianas suelen emplear a más trabajadores, comprar insumos y contratar servicios.
Cuando una empresa prospera, sus beneficios alcanzan también a proveedores, transportistas y familias que dependen de esa cadena de trabajo.
Esta relación se aprecia en muchos municipios. En Ecatepec y Nezahualcóyotl, el comercio y los servicios responden a las necesidades diarias; en Toluca y sus alrededores, los talleres pueden abastecer a industrias de mayor tamaño, mientras que en Temoaya y San Felipe del Progreso, los textiles, las artesanías y los alimentos tradicionales ayudan a conservar conocimientos y sostener hogares.
Una tienda que compra mercancía da movimiento al productor y al transportista, del mismo modo que un taller puede contratar técnicos y repartidores. Así se fortalece la economía local, desde las zonas industriales hasta las comunidades indígenas, sin depender exclusivamente de las grandes inversiones.
Los censos también muestran que el número de establecimientos ha crecido, pero abrir un negocio no significa garantizar su permanencia; los costos, la inseguridad, la falta de crédito y los trámites complicados pueden frenar proyectos que sostienen a varias familias.
En 2026, el reto es facilitar el uso de herramientas sencillas, como pagos digitales, publicidad en internet y mejores controles de ventas, junto con capacitación, infraestructura y reglas claras que permitan crecer sin perder la identidad de cada comunidad.
Apoyar a estos negocios no es concederles un privilegio, sino fortalecer los empleos y las oportunidades de cada municipio, porque el porvenir del Estado de México también se construye detrás de cada cortina que se levanta al amanecer.





