Los rituales del caos y el amor perdido sin Monsiváis

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Muy ocupado estaría el gran Carlos Monsiváis, si se encontrara  aquí y viera los desmanes que están haciendo los grupos políticos  y sectores que los apoyan, a los que él puso en su lugar muchas veces. El magnífico ensayista y cronista, el irónico, el que  penetró en la incongruencia más profunda del mexicano y lo exhibió como tal, cumple 10 años de ausencia. Murió el 19 de junio de 2010  ¿Que pensaría por ejemplo de la visita de Gustavo de Hoyos a España para acusarnos con el hijo de un ex rey investigado por corrupción? ¿Que diría de esos que pasean en carros enseñando carteles de odio, mientras defienden en consignas los intereses perdidos? ¿Que diría de los intelectuales ahora metidos a golpistas, a los que él conocía muy bien y a los quizá pondría  al mismo nivel de los que menciona en Amor perdido? Tendría mucha tela de donde cortar. Desde que él nació el 4 de mayo de 1938, México pasó por muchas etapas que fueron configurando a un país moderno siempre desequilibrado en sus haberes, reunidos los grandes recursos en las manos del poder. La cultura, que ya traía su cauda se evidenciaba de muchas maneras. No por nada el escritor, como un sociólogo avezado fue matizando en sus escritos los comportamientos, rémoras, creencias, actitudes y todo lo que se expresa en México, para delinear el tipo real de lo que somos. Sus crónicas y ensayos (en especial Los rituales del caos), eran muy leídos no solo para conocer lo escrito, lo señalado y divertido, la ironías mostradas, sino porque buscaban su imagen en la definición del caos, para identificarse o no, con ella.

Sorprendente número de libros, reconocimientos y honoris causa

En otros siglos y en otros países se dieron casos como el suyo; un personaje que supo calibrar las carencias culturales, ideológicas y morales que suelen enorgullecer al mexicano cuando dice que como México no hay dos. En efecto, eso no es raro, pero hay decenas de países iguales en sus carencias y que por desgracia no todos tienen un Monsiváis. Poco difundida su trayectoria, pese al personaje que fue ( quizá en la conmemoración de sus diez años de desaparecido, se dispare la necesidad por su ausencia), uno se queda sorprendido si la revisa; pocas veces se había visto a  alguien por ejemplo que tuviera tantos honoris causa de universidades. Lo ungieron la UNAM, la UAM, universidades de San Luis Potosí, Puebla, Sinaloa, Hidalgo, Veracruz, El Claustro de  Sor Juana. La de Ciudad de México lo tenía programado. Lo premió también la Nacional Mayor de Perú, y algunas  que se escapan. Hubo otras que hicieron un honoris causa póstumo. La lista de premios también es apabullante, fueron  37 preseas y reconocimientos, tres de ellos póstumos. En España también  lo reconoció Alfaguara. Unos meses antes de morir en 2009, recibió el Premio Nacional de  Periodismo, un poco tardío porque él siempre había sido un comunicador. Sus obras también son muchas, más en ensayo y crónicas, aunque también incursionó en la biografía, la de Frida Kahlo entre ellas. En sus crónicas la que más ha causado impacto es Los rituales del caos de 1995, que reeditó la editorial Era en este milenio. En 2008 abordó en libro el 68, tema que ya había tocado en 1971 con  Días de Guardar.

La diversidad sexual, los rituales del caos y amor perdido, su cenit

La lucha y defensa que dio Monsiváis por el reconocimiento y respeto de la libertad sexual fue permanente. En 2010, fue publicado el libro Que se abra esa puerta. Ensayos sobre la diversidad sexual (Editorial Paidós 2010) que se presentó como homenaje póstumo en 2011, en el Museo El Estanquillo, otro de los grandes aportes de Monsiváis, al que dedicó buena parte de su tiempo. En emotivo reconocimiento, las organizaciones LGBT colocaron su bandera sobre su féretro en Bellas Artes.  Su libro clave Los rituales del caos, lleva varias ediciones. En su otro título celebrado Amor perdido (Editorial Era 2005 y 2008) vuelve al tema del comportamiento mexicano pero a partir de la contradicción y la traición. Se refiere a personajes que tenían  una concepción, una imagen pública, que después cambiaron debido a intereses. Entre los personajes que sobresalen están David Alfaro Siquéiros y Salvador Novo. Los coloca en su definición final como el amor que se perdió para los demás, para ellos mismos y para su país, porque traicionaron su concepciones e ideales. Monsiváis fue una persona generosa y gentil. Yo lo entrevisté dos veces y siempre tuvo conmigo mucha gentileza y respeto. Las entrevistas se daban en su casa mientras los muchos gatos que tenía, trece, caminaban por la sala y algunos se subían al escritorio y abrazaban y se pegaban  al escritor y a veces se acercaban ronroneando a la reportera. Ya he contado este recuerdo pero lo repetiré. Una de las veces que estuvo en España, creo que cuando lo premió Alfaguara, lo entrevistó una comentarista que al preguntarle como se definía profesionalmente él dijo que como periodista, la mujer replicó diciendo que él era famoso como escritor. Entonces él respondió que se reconocía como periodista, pero que ser escritor es algo que debe reconocer el público. La modestia fue siempre otro de sus méritos.