Un Córdova no tan bello, juega al papel de ángel rebelde

                                                           Teresa Gil

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¿Por que el presidente de México igual que todos los mexicanos, no puede ser guardián de elecciones limpias? Una cosa es ser guardián y otra meterse en los mecanismos electorales.

El ser guardián no implica, además, una actividad concreta. Se puede ser guardián con  solo observar, sin intervenir. La vista es muy natural. Sería absurdo que el que tiene la conducción del Estado, no pudiera estar pendiente de un proceso que debe ser democrático.

En eso, el señor Lorenzo Córdova, presidente consejero del Instituto Nacional Electoral (INE), la está regando y se ha puesto al brinco, además.

El origen de los organismos constitucionales autónomos  como el INE, no es democrático, porque sus integrantes no son electos por el pueblo. Pese a su formulación específica, en este caso ha derivado en representación política de algunos partidos, cuando su función real no es política sino social, para fortalecer la democracia y resguardar los derechos políticos de los mexicanos.

En la polémica que se ha creado entre el ejecutivo AMLO y el presidente del INE, este olvida que pese a su inclusión constitucional, la autonomía de su organismo es relativa y existe un aparato tripartita que está vigente. Los organismos que tienen esa característica, realizan funciones propias y aplican un presupuesto, pero este es definido desde el ejecutivo y aprobado por el legislativo.

No pueden autolegislarse.

Se trata de organismos que empezaron a proliferar en el marco neoliberal ante el desborde de las actividades estatales que precisaban auxiliares.

Fueron creados, pues, como  organismos de coordinación. Pero también de control ante la concentración de poder en un solo personaje, como ocurre en los regímenes presidencialistas.

En un estado como el nuestro en el que las funciones a veces dictatoriales concentraban un poder omnímodo, era necesario ponerle freno. Eso no se logró porque se creó una complicidad con los otros poderes a través, principalmente de los partidos. 

El neoliberalismo creó el estallido de organismos autónomos

Los antecedentes de los organismos constitucionales autónomos en México, fueron los organismos públicos descentralizados, creados muchos de ellos al vapor para concentrar ciertas funciones, utilizar presupuesto y favorecer a cuates y familiares.

Extendidos en el mundo,  sobre todo en los países del primer mundo en lo que se llamó la autonomotitis, resultaban además, elementos más prácticos en su utilización por grupos políticos, de poder, fuerzas económicas e incluso extranjeras, en el caso de los países pobres, como las transnacionales.

Poderes económicos que se enquistaban en el aparato electoral lo vimos en el caso de Soriana en las elecciones de 2012 y la sospechosa Odebrecht empujando una elección presidencial sin que el INE hiciera nada. Su propia función fue rebasada por el ejecutivo que lo consideraba su aliado, en la elección de gobernador del Estado de México en el que participaron  descaradamente instituciones federales con presupuesto federal incluido, y el INE, utilizado como organismo subordinado tampoco hizo nada. Pese a que ahora su presidente está muy alzado, el INE demeritó sobre todo ante Enrique Peña Nieto, la función de coordinación que le ha definido la Carta Magna, por la de subordinación con ese y  anteriores gobiernos.

Funcionarios transexenales, cargas políticas de los autónomos

Cuestionados y defendidos, los organismos constitucionales autónomos sobreviven  distrayendo un presupuesto que antes era en su totalidad del poder central. En un artículo en El Universal, el consejero de la judicatura 2014-2019, Alfonso Pérez Baza, ya sostenía hace dos años, que la creación  de esos organismos es una segmentación del poder y en muchos casos no vale la pena. La Suprema Corte al referirse a esos organismos también, sostiene que en efecto asumen funciones específicas, pero “son organismos tradicionales”.

En el artículo 28 constitucional ya se planteaba a fines de los ochenta del siglo pasado, que el estado precisa de organismos de apoyo y en el 41 se definió desde los noventa la existencia de Instituto Federal Electoral (IFE) como un organismo autónomo.

El INE que cambió una de sus siglas, ya es un organismo constitucional autónomo, por una reforma. Uno de los problemas que han creado dichos organismos son los funcionarios transexenales que crean conflictos y a veces están en contra de las políticas del gobierno en turno.

En el estado de Veracruz se dio el caso del fiscal Jorge Winkler, que dejó como un clavo al gobierno de Morena el panista Miguel Ángel Yunes. Se logró  su defenestración porque se le encontraron situaciones turbias. La situación de los organismos autónomos está entonces compleja y el señor Córdova no debería jugarle al Lucifer en este tramo.