Mentira, manipulación y miedo como estrategia de poder del régimen
Existe un momento histórico en el cual las sociedades deben detenerse, observar con claridad meridiana la realidad que las circunda y preguntarse: ¿cómo fue que permitimos que la mentira se convirtiera en política de Estado? Ese momento es ahora. Hoy, México enfrenta una crisis de veracidad sin precedentes, en la que el régimen ha instrumentalizado la desinformación de manera sistemática, perversa y deliberada, no como un error político ocasional, sino como una estrategia calculada de control social. Usan la mentira y la desinformación como un arma de guerra contra la democracia. Y lo más alarmante: esta mentira produce miedo, ese miedo que paraliza, fragmenta y somete.
Las conferencias matutinas del régimen no fueron ni son, como se nos quiere hacer creer, un ejercicio de transparencia y rendición de cuentas. Son una maquinaria de propaganda masiva, un ritual diario de manipulación narrativa.
Ciento tres mentiras diarias en promedio. Ochenta y ocho afirmaciones no verdaderas por cada conferencia de casi dos horas. ¿Qué significa esto? Que la mentira dejó de ser ocasional para convertirse en norma. Que el gobierno califica qué es verdad y qué es mentira, ignorando por completo las voces de expertos, académicos, investigadores e instituciones serias.
Se nos impuso una cultura del "yo tengo otros datos" sin presentar evidencia alguna. Que se prometió convertir a México en potencia cuando en realidad el país ha caído en todos los indicadores económicos. Que se declaró el fin de las matanzas cuando vivimos la peor escalada de violencia en nuestra historia. Y que, deliberadamente, se manipulan cifras de salud, economía, seguridad y derechos humanos para construir una realidad paralela que solo existe en el discurso oficial y en las mentes de la 4T.
Pero la mentira no opera en el vacío. Su función es más profunda y siniestra: generar miedo. Carl Schmitt, teórico del autoritarismo, lo explicó con claridad brutal: "entre la población siempre se debe mantener una imagen enemiga para poder dirigirla y manipularla". Eso es exactamente lo que ha hecho este régimen. Ha construido enemigos internos claramente identificables: periodistas y ciudadanos críticos, organizaciones civiles, clases medias, académicos, oposición política, organismos autónomos. Ha generado alarma social permanente mediante la repetición de amenazas difusas. Ha presentado al poder como la única protección frente a esos enemigos inventados. Y ha legitimado medidas autoritarias que reducen libertades en nombre de una supuesta defensa del pueblo.
La psicología social nos lo revela: "el miedo inmoviliza la acción política, refuerza el orden establecido, legitima el autoritarismo y polariza la sociedad". El régimen lo sabe. Por eso utiliza la comunicación emocional sobre la racional, para exacerbar resentimientos sociales. Por eso alimenta la narrativa del “pueblo bueno” contra las élites corruptas, neoliberales, conservadores, fifís, etc. Por eso estigmatiza a críticos y convierte a la clase media (que es el corazón y motor de un país) en el enemigo. La polarización no es un efecto colateral: es una estrategia deliberada, un arma filosa con la vil intención de dañar, dividir y dominar.
Los efectos de esta manipulación sistemática son devastadores. Se ha normalizado la mentira política. Se ha generado desconfianza generalizada en órganos autónomos y contrapesos institucionales. Se ha creado un ambiente propicio para la desinformación masiva. Instituciones fundamentales para preservar el Estado de derecho como organismos autónomos, poder judicial, Instituto Nacional Electoral, entro otros, han sido asediadas con campañas sostenidas de desprestigio desde Palacio Nacional: ataques acusatorios sin probarlos, recortes presupuestales malintencionados y descalificaciones públicas diarias.
Hoy vivimos una concentración de poder sin precedentes en México, y esto es absolutamente peligroso para la democracia. El régimen gobierna a través de la demagogia y la incapacidad (recordar su lema: 90 por ciento lealtad y 10 por ciento capacidad). Reformó el sistema educativo nacional para envenenar y manipular las mentes de nuestros niños y jóvenes, inculcándoles resentimiento social en vez de pensamiento crítico. Este régimen quiere militantes ciegos en vez de ciudadanos libres y pensantes.
La defensa de nuestra democracia, de nuestras libertades ciudadanas, de la verdad misma, nos convoca a todos.
Cada voz importa. Cada acción cuenta. Porque México no merece vivir en el miedo fabricado por la mentira.
México merece la verdad. Y la verdad, tarde o temprano, siempre prevalece.
¡Súmate!






