México necesita una Secretaría de Minas
México es una potencia minera, aunque pocas veces actúa políticamente como tal. Somos el principal productor mundial de plata y nos encontramos entre los grandes productores internacionales de diversos minerales. Nuestro territorio contiene oro, cobre, zinc, fluorita y potencial geológico asociado con minerales estratégicos y tierras raras, recursos que adquieren cada día mayor importancia para industrias como semiconductores, baterías, defensa, telecomunicaciones y transición energética. En un mundo donde el control de los minerales se ha convertido nuevamente en una cuestión de poder, México debería preguntarse si la estructura institucional que actualmente tiene es suficiente.
Hoy la política minera forma parte de la Secretaría de Economía y existen instituciones valiosas como el Servicio Geológico Mexicano y el Fideicomiso de Fomento Minero. Sin embargo, países con una fuerte vocación extractiva han dado al sector un peso institucional superior: Perú cuenta con un Ministerio de Energía y Minas y Brasil con un Ministerio de Minas y Energía. México podría discutir seriamente la creación de una Secretaría de Minas capaz de concentrar conocimiento, planeación, regulación, investigación geológica, política industrial y estrategia internacional.
No se trataría de crear burocracia por crearla. Al contrario: una institución especializada debería corregir una carencia epistemológica, metodológica y geopolítica. México necesita conocer mejor qué minerales posee, dónde se encuentran, cuáles son realmente estratégicos, cómo pueden incorporarse a cadenas industriales nacionales y bajo qué condiciones ambientales y sociales deben aprovecharse. Extraer minerales para exportarlos sin generar tecnología, transformación industrial o conocimiento propio significa aprovechar únicamente una fracción de su verdadero valor.
La minería acompañó buena parte de la historia económica de México y ahora puede adquirir una importancia todavía mayor. Plata, cobre, litio, oro y minerales críticos forman parte de una nueva competencia mundial por recursos y cadenas de suministro. Una potencia minera necesita una política minera del mismo tamaño. Crear una Secretaría de Minas no debería entenderse como una apuesta por extraer más a cualquier costo, sino como la decisión de conocer, proteger, administrar y transformar estratégicamente una de las mayores riquezas naturales del país.






