No es Morena, ellos se autodestruyen
El cambio de régimen ha generado confusión en la oposición a la 4T, que insiste en plantear un falso dilema: que México vive una confrontación entre socialismo y liberalismo. En realidad, se trata de un discurso dirigido más al exterior que al público nacional, especialmente a la clase política de Estados Unidos, su sector empresarial, medios influyentes y el Departamento de Estado.
La apuesta no es nueva. Difundir una supuesta lucha contra el socialismo fue, en su momento, un recurso propagandístico durante los gobiernos de Díaz Ordaz y Luis Echeverría. Hoy se intenta replicar. El reciente ataque a la presidenta Sheinbaum por la situación en Sinaloa tuvo un efecto contrario: reforzó el nacionalismo entre las bases que respaldan a la 4T. A nivel social, cualquier señal de intervencionismo extranjero es rechazada. La lógica es clara: “México para los mexicanos”.
En paralelo, la oposición ha dejado de construir una alternativa política sólida. Reacciona a coyunturas sin estrategia definida, impulsada más por el rechazo que por propuestas. Sin liderazgos de peso, PRI y PAN han cedido espacio en el debate público a figuras de bajo perfil e incluso a intereses empresariales desplazados. Para Morena, esto representa una ventaja. Aplica una máxima conocida: no interrumpir al adversario cuando se equivoca.
Durante el sexenio de Peña Nieto, las dirigencias nacionales del PRD y del PAN sacaron del Poder Legislativo la discusión de la agenda política y la trasladaron a Los Pinos. El debate legislativo perdió sentido; su salida fue hacer negocios. De ahí surgieron los llamados “moches legislativos”: dinero a cambio de apoyo a acuerdos entre el Poder Ejecutivo y los dirigentes partidistas.
La mesa de negociación se conoció como el Pacto por México. De ahí nació la reforma política que hoy pesa en su contra y que no quisieron modificar. En 2014 aprobaron la ley electoral vigente, y con ese marco normativo Morena ha ganado dos elecciones presidenciales consecutivas, la mayoría en la Cámara de Diputados, así como en elecciones estatales y congresos locales. A nivel municipal ha ganado los más importantes desde el punto de vista urbano, de crecimiento económico y movilización social.
Es altamente probable que, en las elecciones intermedias de 2027, vuelva a obtener un número importante de los 300 distritos de mayoría relativa, además de mantener acceso a espacios de representación proporcional. Son importantes las 17 elecciones estatales y las municipales, pero la prioridad presidencial serán las elecciones de diputados federales. Ahí no puede haber contemplaciones: se juega la continuidad de la 4T. La oposición volverá a señalar ilegal la sobrerrepresentación de Morena en la Cámara de Diputados, pero todo indica que conservará la mayoría. Se compite bajo la misma ley.
Con el control de la Cámara de Diputados asegurado, la presidenta Claudia Sheinbaum garantiza la aprobación del presupuesto hasta 2030 y, con ello, los recursos necesarios para dar continuidad a los programas sociales que se han convertido en su fuente de legitimación y su base de movilización electoral. De esta forma, Morena se prepara para dar continuidad a los gobiernos progresistas con otro sexenio al frente del Poder Ejecutivo.
Ante ese escenario, la oposición poco puede hacer, aun recurriendo al gobierno de Estados Unidos. Por otro lado, mantener la misma ley electoral permite al PRI y al PAN regresar a un esquema que beneficia a sus élites enquistadas en las dirigencias. Pase lo que pase, permanecerán en el Poder Legislativo como plurinominales. Más que enfrentar a Morena, la oposición sigue atrapada en sus propias inercias. Y en ese escenario, el adversario ni siquiera necesita intervenir.










