Picotazo Político: Desaparecer en México
Indigesto, así de terriblemente complicado es encontrar salidas a un tema como el de las y los desaparecidos en México, las gráficas no saben estacionarse en un solo número, más de 70 mil en pocos años, números brutales de fosas clandestinas, 14 mujeres o niños que se esfuman a diario, sumemos a los que no son reportados. Brutal.
Visto en crudo, se trata de un infierno para los familiares de alguien que no volvió, pero tratar de filtrar todo por las bandas de las responsabilidades del gobierno es no solo maniqueo, sino hipócrita, ya que estamos frente a un fenómeno nada reciente que involucra a gran parte del ecosistema social y económico del país. En las desapariciones todos tenemos responsabilidad, muchos muros que contenían a la familia se han ido reduciendo a escombros, alimentados por la pobreza intelectual y económica, núcleos generadores de carne de cañón para las filas del crimen organizado.
¿Cuál es el número real de esos desaparecidos que pertenecían al crimen organizado?, ¿cuántos jóvenes perdieron la vida al ser engañados por la máscara de riquezas y poder que les ofrecían en alguno de los cárteles?, ¿cuántos eran verdaderamente inocentes?
¡Lo políticamente correcto es no mencionar que detrás de muchos y muchas de los que hoy no son localizados había vínculos con bandas criminales, y claro, eso no disminuye el derecho de sus familiares a saber qué ocurrió con sus muchachos! Tampoco estamos hablando de estigmatizarles; pero ya es tiempo de decir las cosas como son.
Por eso es la necesidad de un debate que responda la encrucijada, un debate, por fin, serio.
¿Cuántas familias se corrompieron, generando filas de desertores entre sus hijos e hijas que han terminado como parte de grupos de halcones o narcomenudistas? ¿Cuántos padres de familia solapan a sus adolescentes, quienes escuchan corridos tumbados o reguetón cargado de referencias al consumo de drogas, abuso sexual y asesinatos? ¿O cómo creen que comenzó el reclutamiento de sicarios y otros tantos malandros que igual asesinan y desaparecen a otros o que terminan en una fosa clandestina?
Comencemos a asomarnos al púlpito de TikTok y otros ganchos seductores, en donde nuestros hijos e hijas reciben verdaderas cátedras del crimen o del embarazo temprano. Observe: la aspiración inmediata es traer los tenis o el auto de moda, cueste lo que cueste. La pobreza, paradójicamente, también se mide así.
Hoy hay que hablar de corresponsabilidad, porque la ignorancia también se hereda y conlleva lastimosas consecuencias. Esto también hay que decirlo.
Comencemos por ese tema y después enfoquemos a las verdaderas víctimas, esas jovencitas o chavos que tuvieron la desgracia de cruzarse en el camino de estas bestias —mismas bestias que fueron parte de un hogar, por cierto—.
El tema es laberíntico, sumamente complejo como para convertirlo en solo una serie de metrallas periodísticas o ataques políticos. Las y los desaparecidos en México son una responsabilidad de todos, de alguna manera los hemos abandonado por creer que la tarea es única y exclusivamente de los gobiernos y sus muy corruptos cuerpos policiacos (no todos, aclaro).
Por ello, cuando se asoma el informe del Comité para la Desaparición Forzada de la ONU y señala que aquí se respiran crímenes de lesa humanidad, advirtiendo que lo llevarán al pleno de la Asamblea General para emitir medidas de apoyo, uno no deja de pensar en, primero, el fiasco que ha significado la ONU en conflictos como el de Rusia contra Ucrania, los ataques de Israel a Palestina o las masacres gringas e israelíes en Irán (¿se le olvida a la ONU la muerte de niñas en una escuela?).
Pero, cierto, mientras el amo de la ONU, Donald Trump, esté metido, la ONU deberá quedarse domesticada y calladita… y como los burócratas de Guterrez, líder de la ONU, tienen que desquitar la quincena, decidieron asomarse a México para hacerle el caldo gordo a su patrón Trump.
Pero esas son otras albóndigas.
Ante esa cruda realidad, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum optó por una atinada operación y, dado que el tejido de la seguridad y el Estado de derecho, así como la aplicación de justicia, sigue con zonas podridas, se decidió atender las causas que alimentan el gran ejército de criminales: la atención de raíz en regiones que llevaban décadas en poder de narquitos y narcotes, recuperar la función del Estado para acercarles escuelas y oportunidades laborales en las que no tengan que matar o morir por dos mil pesos a la semana…
Este tipo de lucha será larga, también hay que decirlo, pero es mejor la estrategia de blindajes sociales que la de soltar balazos a lo pendejo, tal y como sucedió en el calderonato.
Entendámoslo: si existe un solo margen de conseguir, por medio de un programa social, que un chavo o jovencita no caiga en la nómina narca, eso es ya un avance para TODOS, incluida la pusilánime derecha.
Algo que la ONU no menciona es la efectividad de esta administración en cuanto a la lucha contra los más poderosos cárteles y la caída de personajes míticos dentro de la galería del crimen; y algo que, curiosamente, tampoco se menciona en ninguno de los reportes de este organismo es que una de las consecuencias de lo que México ha sufrido por la violencia extrema de los narcos es que su línea de abastecimiento de armas proviene de los EUA.
Así que las balas que matan a los desaparecidos vienen de allá, del país en donde la ONU tiene su código postal. Vienen de esa histórica indiferencia por los que menos tienen; ellos lo saben, solo que nos intentan vender una historia con cifras, con señalamientos, como si así se arreglara este país…
O cualquier otro. Hipócritas.






