Parlamento Metropolitano de Hijas e Hijos de Trabajadores y Productores: El alba de una nueva democracia.
El pasado sábado 13 de septiembre, se constituyó el Primer Parlamento Metropolitano de Hijas e Hijos de Trabajadores y Productores, un foro que trasciende las estructuras tradicionales para convertirse en el crisol donde se forja el México del mañana. Este Parlamento nace en el corazón de la Zona Metropolitana del Valle de México (núcleo económico, político y cultural del país) y con la participación activa y entusiasta de más de 800 jóvenes, talentosos y combativos, de la Ciudad de México, el Estado de México (EMX) y el Estado de Hidalgo, quienes han decidido pasar de la queja a la propuesta, de la promesa al diseño institucional, de los ideales a las acciones.
Este Parlamento tiene su origen en el deber de incorporar a las y los jóvenes, hijas e hijos de trabajadores y productores, a la vida sociopolítica con voz, voto y oficio público. Este órgano de participación política se instala con reglas, con agenda y con método, para que las y los jóvenes presenten propuestas en materia de políticas públicas e iniciativas de ley; para que la palabra se convierta en norma, y la norma en política que transforma. Es, sobre todo, un puente entre la realidad que se padece y la realidad que se merece.
Los propósitos del Parlamento son nítidos. Participar activamente. Deliberar con rigor. Proponer soluciones reales que mejoren la calidad de vida de las y los mexicanos. Construir un país mejor a partir del esfuerzo cotidiano y con la ambición legítima de prosperar en lo individual y en lo colectivo. Que la agenda pública se oriente por la dignidad del trabajo, que la seguridad, la educación y la salud dejen de ser promesas eternas y se conviertan en realidades verificables. Que haya transparencia. Que haya evaluación. Que haya consecuencias. No basta con indignarse. Hay que participar, negociar, aprobar, implementar y corregir. Ese, es el espíritu del Parlamento.
La juventud no es un adorno discursivo; es una realidad vibrante. Quien estudia y trabaja, quien viaja dos-tres horas en transporte para llegar a la universidad o al trabajo, conoce la ciudad no como una postal, sino como un mapa de carencias y oportunidades. Por eso su intervención en el diseño de políticas públicas y leyes es urgente: porque miran lo que otros ya no ven, porque aprecian el costo del tiempo y el peso del salario, porque pueden traducir la experiencia en criterios y los criterios en reglas.
El rumbo de México está en manos de su juventud. El México que todos queremos… ¡está en sus manos! Y eso implica responsabilidad, sí, pero también poder para decidir.
No hay política sin conciencia. La conciencia ciudadana, ese músculo moral que distingue el interés particular del interés común, es la que convierte la participación en servicio, y el servicio en legado. Se forja con información, con debate, se cultiva en la familia, en la escuela, en el trabajo. Una sociedad se gobierna bien, cuando su ciudadanía deja de ser espectadora y asume el papel protagónico que le corresponde: preguntar, vigilar, proponer, exigir. La conciencia no se delega. Se ejerce.
La democracia mexicana tiene un nuevo Parlamento. La juventud trabajadora tiene una nueva voz. México tiene una nueva esperanza.
A las y los jóvenes mexicanos: Nunca dejen de soñar. Nunca dejen de luchar. Ocupen el Parlamento, háganlo suyo, redacten propuestas, interpelen a sus autoridades, conviertan la esperanza en ley y la ley en resultados.
Empiecen ahora.










