Pensar el 2027
Las elecciones de 2027 serán la batalla decisiva de la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo. Su objetivo estratégico es ganar la mayoría en la Cámara de Diputados federal, e incluso buscar no ser tan dependiente de los intereses de sus aliados: el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM). En algún momento puede surgir una división que rompa la hegemonía morenista en el Poder Legislativo, con costos más altos que las diferencias surgidas cuando estos partidos no apoyaron la reforma político-electoral que envió la jefa del Poder Ejecutivo.
Como es natural, las alianzas no son para siempre; el PVEM puede romper con Morena y la Presidenta si valora que puede ganar más en una negociación con actores externos a la 4T. Esa forma de proceder es parte de su estrategia de permanencia institucional desde su fundación. Ha pactado con el Partido Revolucionario Institucional (PRI), con el Partido Acción Nacional (PAN) y con Morena; siempre ha ganado. En su proceder, violar la ley ha sido un factor de cálculo económico: si para ganar votos y mantener su registro es necesario violar las reglas de la competencia, y esto amerita una sanción monetaria, simplemente se paga; es dinero que reciben del financiamiento público.
Si el partido tiene las condiciones para ir en bloque con otras fuerzas, no dudará en abandonar su alianza. Es una estrategia que le ha funcionado en lo nacional y en lo local. No hay motivos para suponer que esto no pueda ocurrir hacia las elecciones presidenciales de 2030 y, en lo local, en las elecciones de 2027, aprovechando que serán comicios concurrentes en varios estados; es decir, se elegirán gubernaturas, ayuntamientos, así como diputaciones locales y federales.
Otro punto a considerar desde la organización morenista es que las altas calificaciones que ha recibido la figura de la Presidenta no son un parámetro suficiente para suponer que con eso alcanza para ganar las elecciones locales y las federales legislativas. Alguien diría que esto ya ocurrió en Coahuila, donde Morena no ganó ninguna diputación local de mayoría relativa. El escenario adquiere mayor controversia al observar que existen miles de beneficiarios de programas sociales en esa entidad que, aun así, votaron por los candidatos del PRI.
Es de suponer que los estrategas de Morena y de la presidenta saben que su verdadera oposición no es el PRI, el PAN o Movimiento Ciudadano (MC). La 4T enfrenta un bloque opositor sólido que tiene control sobre medios de comunicación, cuenta con relaciones políticas capaces de actuar en unidad y posee el capital financiero necesario para sostener una estrategia permanente de desgaste al gobierno, con miras a causar el mayor daño posible para desestabilizar al país. El enemigo es la 4T y todo lo que representa; no tienen titubeos.
Por otro lado, Estados Unidos no es un mero espectador. Sus aliados naturales son los grupos contrarios a la 4T y va con ellos a través de acciones encubiertas, fáciles de detectar pero difíciles de comprobar. El calificativo de "terroristas" a los miembros del crimen organizado que operan en México es una medida intervencionista bien pensada. Se puede utilizar como una amenaza constante para el manejo en medios y como material de uso para los grupos contrarios a la Presidenta y su proyecto. Es un arma de comunicación política que provoca daños al país cada vez que se lanza, se magnifica y alimenta a los medios y a las redes sociales. Cuidado, están construyendo una narrativa peligrosa.
En términos de eficacia política, el morenismo nacional debe saber que ya no es oposición.










