Picotazo Político: Carlos Manzo
Y lo mataron… no bastó que 14 elementos de la Guardia Nacional lo protegieran, quien haya ordenado la ejecución no calculó más que una sola cosa ocurriera: que Carlos Manzo fuese ejecutado, en público, frente a sus hijos, frente a su gente, en un día paradójicamente de “muertos”, ante cientos de miradas y los teléfonos celulares que todo graban.
Los sicarios montaron una sinfonía perfecta y lograron su cometido, que no fue tan solo matar al popular presidente municipal de Uruapan, sino grafitear el mensaje de quienes son los que mandan, no el gobernador de Michoacán (¿hay gobernador?), no la policía estatal ni municipal, no los ediles, no la federación ni el ejército, no, por supuesto la presidenta de México, que como pocas veces montó en cólera ante el pronosticable final de dicho municipe y por la muy obvia razón de que el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla, quien desde el 2021, año que inicia con su encargo, no ha dado una sola señal de saber o querer atajar el poderío de los carteles de la droga que reinan en Michoacán.
Bedolla es uno más de la cruel herencia del Lópezobradorismo que dañan a la doctora Sheinbaum.
Pero lo que ocurre en Michoacán sucede en la mayoría de los estados en donde las tarimas municipales son controladas por los criminales y esta es la verdadera tragedia que no se ha podido atender, debido, primero, a que desde los palacios de gobierno no existe la determinación necesaria, donde gobernadoras y gobernadores borrachos de poder y distantes a las ámpulas de sus gobernados y como redondeo, esa misma conducta es copiada por muchos y muchas presidentas municipales, lo que ha generado el tener que sobrevivir ante gobiernos deficientes e infestados de corrupción.
No hace mucho, una serie de operativos en el Estado de México (EMX) demostraron los niveles de penetración del crimen organizado en varios municipios, pero solo eso, se demostró, pero sin que se profundizara y se castigara de verdad a los verdaderos amos del crimen, la simulación gana y usted y los suyos, nosotros queridos lectores, perdemos.
Y cuando se asoma en el reparto un actor con mayor dignidad y de manera suicida se atreve a llamar las cosas por su nombre, dicha persona es asesinada y eso ha ocurrido, no solo con el mediático caso de Carlos Manzo, sino muchos y muchas más, algunos bajo el velo de sospechas por sus raras compañías y aquellos que murieron creyendo que podían, de manera honesta, cambiar un poco las cosas.
El daño es estructural en los cimientos de la justicia y nos resistimos a ello, evitamos asomarnos por debajo de la cama y como niños preferimos clavar la mirada en las redes sociales o perder neuronas viendo los mensajes del 'tío Richi' y sus canales de TV, mientras que regiones como Michoacán o Sinaloa o nuestro Estado de México se rompen a pedazos debido a que sus gobiernos están conformados por políticos autocomplacientes, enamorados de sí mismos, ebrios por las voces que todos los días les repiten que son brillantes, infalibles, imbatibles y que todo está muy bien, que no hay de qué preocuparse ya que al final del día no le deben nada a la doctora, que su única deuda tiene código postal en Palenque.
Pero como suelen ocurrir las tragedias en el campo de la política, en donde una importante víctima es elevada a los altares de la mitología y el odio social es vaciado en los muros de esta guerrilla creada en el “face” o las demás redes, pronto todo volverá a ser normal y lo cotidiano es seguir simulando que las y los gobernadores trabajan, como el de Michoacán, Bedolla, el verdadero responsable de que uno de sus presidentes municipales haya sido ejecutado. Así es, afirmar lo contrario es un ruin infantilismo, negar que, mientras el gobierno federal busca abarcar un territorio demasiado grande y conflictivo como el nuestro, es en los estados y sus estructuras de gobierno, en su seguridad y sus congresos locales ( la mayoría de ellos repletos de legisladores lamesuelas e ignorantes), en donde se encuentran las fallas geológicas que producen estos terremotos de absurda violencia .
No, a Carlos Manzo no lo ejecutan solamente los narcos, a él ya lo había sentenciado el desdén y el valemadrismo de su gobernador Bedolla. Lo lamentable es que ya se convirtió en una fotografía tan familiar en varias entidades en nuestro país. Sirva esta columna como un pequeño homenaje a las figuras valientes que no dejan de gritar lo evidente, aunque sepan que su vida penda de un hilo. A nombre de las y los buenos mexicanos nos quitamos "el sombrero"…lo sentimos Carlos, donde sea que estés.






