Picotazo Político: el bocón de Colombia
Este picotazo, en el ánimo de la construcción de lazos entre dos naciones, la colombiana y nuestro amado México, desea fijar una clara distinción entre el pueblo hermano de allá, con la llegada al poder de una de las peores fichas políticas que se tenga memoria, Abelardo de la Espriella, y mire que nos juntan las tragedias, pues como aquí, en México, el camino de Colombia ha estado también lleno en su galería de adefesios en la presidencia. Ambos hemos padecido el terrible mal de bestiales mandatarios, pero hay niveles y en la hermosa Colombia se han volado la barda. Ojo: y no porque el anterior Gustavo Petro haya sido un dechado de brillo y talento, solo que el izquierdista Petro no es comparable con el nivel de oscuro pasado y peores relaciones que el que está por cumplir 72 horas en la silla. Pobre Colombia, lo que le espera.
Y no se enoje, si usted tiene acta de nacimiento colombiana o posee parentesco con esa hermosa raza (lo digo en serio, su sangre es bella), sostengo esta funesta predicción basándome en una línea fatal de la historia que señala “ORIGEN ES DESTINO” y De la Espriella no es remotamente prometedor. Abelardo decidió empeñar su andar a un muerto viviente como Donald Trump, lo que lo condena a amanecer hediondo y lleno de moscas; no porque Trump haya dejado de ser poderoso, no, pero lo dejará de ser pronto, el tres de noviembre para ser preciso, fecha en la que recibirá un nockout técnico por las elecciones intermedias, mismas que le harán mantener el control de la Casa Blanca pero no del estado de su nación, ya que los congresos y el control de su partido Republicano penden del hilo de su popularidad, misma que no ha dejado de caer (34 % lo aprueba, 66 % lo detestan). Tan lo saben en el Salón Oval que el Departamento de Justicia ha emprendido una feroz campaña para controlar el padrón electoral de los estados. Esto es, que Trump busca implementar una estrategia en la que se diga quién sí y quién no puede votar (¡una locura!), argumentando que existen ciudadanos que NO LO SON, o sea, que deberían ser impedidos de sufragar. Por fortuna, 21 jueces, nombrados por ambos partidos —Republicano y Demócrata— ya le cerraron la puerta al berrinchudo naranja. (Le aconsejo buscar esta información en Google, se va a reír del adelantado acto de fraude de Trump para conservar el poder).
¿Quién es Abelardo de la Espriella?
Regreso a Colombia advirtiendo que el arribo de Abelardo se apuntala como todo un evento calamitoso, pero hagamos la pregunta adecuada: ¿quién es Abelardo de la Espriella?
Es un abogado que se hace llamar “el tigre” y que posee una hoja laboral muy interesante.
Tiene 48 años y nació en Bogotá, Colombia. Tiene tres nacionalidades: la colombiana, estadounidense e italiana.
Se divierte entre Miami y Florencia, lleva una vida de lujos, ya sabe, autos, relojes, vinos, corbatas carísimas… todo lo que un hombre exitoso puede presumir, solo que ahí está el detalle: su fortuna proviene de varias fuentes.
Cuando Álvaro Uribe impulsa un acuerdo de paz con la guerrilla de ultraderecha conocida como Autodefensas Unidas de Colombia (UDC), encargadas de exterminar a la guerrilla de la izquierda, fue el despacho de Espriella el que se encargó de la defensa de Carlos Castaño, líder de las UDC —un personaje acusado de crímenes de lesa humanidad, narcotráfico y distribución de enervantes, secuestro y esas cosas propias del crimen organizado.
Por el despacho de Espriella han pasado todo tipo de clientes, obviamente con alto poder adquisitivo y coleccionistas de delitos como violencia intrafamiliar, crímenes ambientales, narco, corrupción… añadamos un larguísimo etcétera.
Defendió a Alex Saab, el lavadolares de Nicolás Maduro, nomás para que vean que Espriella no le hace el feo a los dictadores de izquierda que hoy tanto odia, pues el dinero no tiene ideología.
También es vendedor de rones y vinos caros; su empresa ahí se llama Con DOMINIO DE LA ESPIRELLA. Si se trata de ropa, alimentos y bebidas, ahí tiene DE LA ESPIRELLA STYLE.
Treinta y cinco empresas que operan activas entre Colombia, los EUA y Panamá, según el reporte de La Silla Vacía, el medio independiente que ha documentado prácticamente todo de este “outsider” colombiano.
Y para que vea cómo sospechan de este “tigre” en los EUA, 11 congresistas republicanos solicitaron el 17 de junio que este “empresario” sea investigado por la Secretaría de Estado, el Departamento del Tesoro y la Fiscalía General sobre el origen de sus negocios en suelo estadounidense.
Cuatro años tiene frente a sí este personaje para cumplir la promesa de que acabará con los narcoterroristas. Claro que su única salida es entregarle el control a Trump y su ejército y que ocurra, ahora sí, lo que no han podido ni en Irán ni en la propia Colombia: ganar. (Los EUA han tenido presencia en Colombia desde hace décadas bajo el pretexto de la erradicación de enervantes, pero también para el manejo de las guerrillas que les convengan; es historia básica).
Así que don Espriella tiene una bronca del tamaño de su ego, y ni los aplausos de Milei ni la coreografía de los ternuritas del Escudo de las Américas —esto incluye a los porristas de Jorge Romero y Mariana Gómez del Campo, panistas invitados a la toma de protesta del nuevo mandatario, cuyos selfies y videos en el evento dan penita por el derrame de abyección— podrán ayudarle, salvo que el buen y muy resistente pueblo de Colombia decida ayudarse a sí mismo, dejando de comprar esos “productos milagro” de la ultraderecha americana.
Ya solo una pregunta: ¿por qué no acudió Donald Trump a dicha toma de protesta?
Cierto, él no acude a las comidas de sus empleados.
No dudo que Gabriel García Márquez se debe estar revolcando en su tumba.
Por ello, Lula y nuestra buena Presidenta tienen brillo y dignidad propias, dígame si no.










