Picotazo político: hablando de calles
No existe nada más frustrante para el automovilista que caer en un bache, si existiese algún tipo de escala para medir la furia que desata el perder una llanta, sin lugar a dudas, un bache y sus efectos se llevarían el primer lugar.
Mire cómo son las cosas, es raro encontrar una calle o avenida que no los tenga, es imposible, los baches son parte del familiar paisaje de prácticamente todo el país y los costos que implican por las montañas de accidentes o reparaciones, tanto a suspensiones de los autos como en casos más graves, siniestros que llegan a cifras incuantificables, por ejemplo, ¿cuántos motociclistas han perdido la vida por no alcanzar a ver un bache?
Eso sí, malditos baches son hijos de nadie, pues sin importar de si se trata de la calle más sencilla del municipio más abandonado o si se es alguna de las súper autopistas o vías rápidas (costosas y peligrosas) son de facto, responsabilidad de fantasmas, pues aunque se nos digan que exista una junta de caminos como en el Estado de México (EMX) para vialidades estatales o los gobiernos municipales para sus propias arterias, o bien, el caso de las autopistas y la Secretaria de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT), brillan por su ausencia ante el riesgo de que nos lleve el demonio en una grieta, bache o socavón o puerta al infierno, da igual.
Sí, seguramente algún burócrata desvelado por las fiestas decembrinas me dirá que existe un 'chatbot' para reportar al bache que casi nos mata y que en una de esas hasta nos pagan los daños… quiero ver quién es el valiente que decide perder su tiempo y paciencia tratando de buscar justicia, aquí lo esperamos, sentaditos para no cansarnos.
Pero todo esto del drama de los baches y los lindos paisajes lunares de nuestras calles y avenidas no es tan solo resultado de los malos gobiernos (ni los de antes ni los de ahora), sino que detrás se esconde la mexicana tradición de los millonarios negocios que le representan a muchos políticos, pues tener que 'parchar' baches año tras año, no es otra cosa que pedir millones de presupuesto a la hacienda pública y así mantener aceitada la maquinaria que salpica de moches a tantísimos funcionarios y dueños de constructoras, así es, un bache es la punta de una vastísima corrupción, por ello es que no desaparecen, parecería que no puede existir el uno sin el otro, pues de hacerlo, ¿de dónde más robarían estos miserables?
Y en eso pensaba (aunque cuesta mucho hacerlo en estas temporadas de pax periodística), cuando me entero de que la presidenta de Mexico, Claudia Sheinbaum, junto con la gobernadora Delfina Gómez, entregaron 10 trenes de repavimentación hace unos días. Se trata de maquinaria alemana que optimizará el trabajo de recuperación de vialidades en 10 municipios de oriente del Edomex, esto es, que en breve las calles y sus baches dejarán de ser un problema para todos, pero también se convertirá en un problema para las carteras de los que se han beneficiado de los círculos de corrupción que 'su majestad' el bache, les significan.
10 trenes, ya los vi y si parecen trenes, gigantes, color amarillo, se hacen acompañar de otras maquinarias que complementan el trabajo para que esa calle o avenida que nos hizo llorar, pronto deje de ser la desgraciada y malnacida, muestra del arte del chapapote colocado bajo el precepto mexicano del valemadrismo.
Y así que se sigan, señora presidenta Sheinbaum, que esos trenes se le multipliquen para que de una vez por todas los mexiquenses abandonemos esas pintorescas acuarelas de rancho, en donde las calles y avenidas sirven para carretones y mulas de carga, pero no para un vocho o un carrito de frágil suspensión.
Y de paso, ¿por qué no darle a la par del reencarpetado una buena auditada a quienes deberían haber hecho bien su trabajo? tanto en la junta de caminos (un nido de ladrones) como las direcciones de obras públicas de muchos municipios (santuarios de corrupción).
Digo, para que el buen proyecto de calles nuevas tenga larga vida y no se repitan los errores del pasado. Amén.










