Picotazo Político: la diabólica IA
Si la IA genera más temor que el cambio climático, entonces la cosa es mucho más grave.
Y el que sean las cabezas principales de las compañías dedicadas a la investigación y potenciación de la IA las que adviertan que se debe bajar el ritmo para ir pensando en cómo ponerle bozal a su Frankenstein, pues nos hace pensar en ir contratando un seguro de vida que nos proteja de la diabólica Inteligencia Artificial, si es que llegase a existir tal póliza.
Dario Amodei, de Anthropic (Claude); Sam Altman, de OpenAI (ChatGPT); Elon Musk, de xAI (Grok), y Demis Hassabis, de Google DeepMind (Gemini), son los muchachones que con rostro arrepentido deslizan que sí, que se les ha pasado un poco la mano y que ahora sí se debe regular o frenar —no hablan de abortar— el producto que los ha hecho multimillonarios. ¿De verdad debemos creerles a sujetos como Musk, que levantó su imperio bajo acusaciones de plagios y mentiras y, lo peor, haberse convertido en el alter ego de Donald Trump?
Perdone usted mi fundado pesimismo, solo que no creo que en la arena del salvaje capitalismo y la bestial competencia los de ChatGPT permitan que Grok o Gemini les coman el mercado. Elon Musk definitivamente no es un alma generosa y antes muerto que ver perder posiciones en su narcisista carrera por poblar Marte apoyado del súper cerebro de la IA.
Démosle la bienvenida al nuevo Dios: la IA.
Todo el universo de exploración y avances de la IA implica niveles históricos de inversión económica en el mundo, siendo los EUA la nación que más puntos de su PIB ha dedicado en ese campo. En este año, según Goldman Sachs, se vertieron 1.8 % del PIB y para el siguiente llegarían a los 2 puntos, que se traducen en 600,000 millones de dólares y, a escala mundial, se tasa en 1 billón de dólares. En castellano significa una monstruosidad de dinero que mueve economías que no creo vayan a dejar de obtener ganancias solo por complacer a los muchos miles que están advirtiendo de un peligro de extinción, todo porque su “criaturita” la IA no recibió “nalgadas” a tiempo y hoy es una amenaza real.
Jacobo Coxon, investigador de Anthropic y una voz calificada en esto de la súper inteligencia, renunció la semana pasada arrojando el epitafio de que los desarrolladores de la IA “están jugando con nuestras vidas”. La advertencia de Coxon provocó este alud de reacciones y ha puesto el reflector en la zona oscura del planeta de la inteligencia sintética.
Mientras todo este tema se debate, China mantiene bajo llave sus gastos sobre la investigación de la IA, lo que convierte a este drama en un asunto de seguridad militar. La humanidad mira distraída los riesgos potenciales de una herramienta que promete convertirse en grilletes y cadenas para todos.
La IA, mucho antes de que se advirtiera sobre el posible descontrol y vaya usted a saber qué tipo de Apocalipsis nos toque con dicho juguetito, nos ha venido empujando hacia una extraña normalidad en la que hacer y pensar menos parecería una ventaja de la modernidad, pero es todo lo contrario. La IA, cierto, es una ventana sumamente atractiva, lúdica, que se hace pasar por divertida y facilitadora de tareas; sin embargo, el uso desmedido y la ignorancia ante sus fronteras nos han estado adormeciendo (empezando por las redes sociales). Basta ver a muchos (no solamente niños y jóvenes, sino profesionistas) depender de esas pantallas. La IA es el sustituto de laboratorio de las neuronas y su finalidad de trabajar para la evolución de la mente humana. Y si eso no es preocupante, pues entonces sí, que la IA nos diga quién vive y quién muere.
Solo una cosa nos podría salvar, que los amos de la IA fijasen un solo cálculo: si algo le pasa a la humanidad, sería por haber matado la gallina de los huevos de oro.
Aunque uno ya no sabe si el fin de todo será el “súper niño” del cambio climático o un montón de algoritmos autónomos jugando con los botones nucleares del planeta.
Pensé que solo los veríamos en las películas o en algún libro con contenido distópico, pero veo que no. Por mi propio bien, espero que esto no lo lea la IA.






