Picotazo Político: Los Profes
El cártel de la CNTE ha desarrollado con el tiempo una suerte de pedagogía de la extorsión, varios sexenios en los que, bajo banderas de democracia sindical y exigencias risibles de incremento salarial del 100 por ciento, han puesto de rodillas a diversas administraciones para alcanzar un solo objetivo: dinero e impunidad. Pero no se trata de recursos para los verdaderos apóstoles de la educación, los maestros y maestras que trabajan en zonas remotas e inaccesibles, que comparten pobreza con sus alumnos y familias. A las personas servidoras de la educación deberían no solo aumentarles el 200 por ciento de salario, sino ponerlos al frente de estas movilizaciones para que la sociedad les aplauda y reconozca. Pero estas protestas no nacieron para salvar a la base, sino para que, otra vez, los capos, los líderes del movimiento obtengan lo de siempre: millonarios recursos y privilegios como pensiones doradas, así como el monopolio de las herencias o ventas de plazas laborales.
Basta con leer el pliego petitorio y notar cómo lo han ido engrosando de ridiculeces e imposibles. ¿De verdad lograrán que aparezcan los 43 de Ayotzinapa? Y no porque sea un tema para el olvido, solo que convenientemente suben esto para el encarecimiento de sus demandas, ante la imposibilidad de que el gobierno les dé solución en un lapso de cinco días… llevamos casi 12 años entrampados con aquel 16 de septiembre de 2014 y así seguirá hasta que se diluya y quede como un lamentable símbolo, como lo del 68.
Los manifestantes —me resisto a llamarles profesores— son grupos de choque muy bien financiados por aquellos que buscan romperle las rodillas a un gobierno que hoy se defiende en varios frentes por el embate de Trump, y es que muchos sospechamos que los recursos de la ultraderecha están llegando a los bolsillos de los subnormales encapuchados, pues no se requiere talento deductivo para concluir que, en esta guerra por las calles chilangas, los beneficiados por el desastre son los mismos que están detrás de las campañas en redes sociales, vulnerando la soberanía y rogando por una invasión trumpiana.
Tiene usted razón en refrescarnos la memoria con capítulos anteriores, en donde la CNTE fue movilizada por intereses políticos para golpear a Peña Nieto o antes a Calderón; solo que en esos tiempos, la vacuna era una sola: llenarle los bolsillos a los líderes magisteriales de manera inmediata y así sobrevivir al caos, mismo que no duraba más de tres días y los mercenarios de Guerrero, Chiapas, Oaxaca o CDMX podían presumir de esa riqueza instantánea… hasta que se cumpliera el siguiente plazo el año entrante y a repetir la dosis, solo que ahora con la perversa intención de aprovechar que en cinco días tendremos un Mundial de Futbol y que el gobierno está obligado a salir de manera decorosa con el compromiso y evitar que los chacales disfrazados de profes incendien el Estadio Azteca —cuyo nombre de banco no se me apetece mencionar— o descarrilen el Metro.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha dado muestras de buena voluntad y ha puesto sobre la mesa salidas razonables; ella sí, finalmente, posee raíces y convicción por este tipo de luchas. Su construcción académica y profesional la hizo de la mano de líneas de reclamos con un sentido legítimo hacia las causas que en este país han generado injusticias y desigualdad.
Nadie puede señalarla de ser anti magisterio o anti protestas; al contrario, ella se entrenó en la más dura arena del CEU de la UNAM, ni más ni menos.
Así que el argumento de la nueva derecha de la CNTE cae por su propio peso, pues al frente tienen una administración que les dio la mano y les ha respondido mucho mejor que con Calderón o Peña Nieto; solo que los encapuchados no quieren la buena disposición del gobierno de Sheinbaum, quieren —y todo indica que ese es el objetivo— reducir a cenizas a una mandataria que posee una enorme plataforma de popularidad y apoyo y, obviamente, poder ordeñar la ubre de los recursos, millonarios recursos que año tras año consiguen en este ritual de extorsiones maquilladas de protestas.
La molestia de la ciudadanía es válida; el hartazgo de quienes tenemos que soportar a estos reventadores es inhumano. No hay mentada de madre que ayude a desahogar la frustración con la que las y los ciudadanos tenemos que vivir, de por sí sufrientes por la ajolotización de la ciudad y la experiencia de un gobierno defeño que demostró ser tremendamente incapaz para prevenir un evento mundialista y que se tradujo en un caos de obras y mala planeación —se nota que tuvieron que rescatarla desde Palacio Nacional, si no, no acabarían—.
Pobres, pobres, pobres los maestros y maestras de verdad, los que han sido chantajeados para venir a este tour turístico y de destrucción por la muy mojada Ciudad de México; a ellas y ellos, lo sentimos, no les tocará ni remotamente un pedazo del pastel millonario de sus líderes, pero lo sabemos, poco pueden hacer o protestar hacia adentro, ya que la CNTE es similar a las mafias del crimen organizado: una vez que entras, no sales y debes pagar con tu salud o vida el permanecer en un cártel —llamado Coordinadora— que ni va a conseguirles un aumento del 100 por ciento, ni regresará a los 43 de Ayotzinapa, ni hará valer una vida de trabajo docente con pensiones de oro para una humilde maestra de la región de Valles de Oaxaca o de Los Altos de Chiapas… esos premios, los de las pensiones doradas, son para las y los líderes de las secciones y sus familias.
Nunca había sentido tanta pena por un profe, porque ellos son la ventana por la que nuestros niños y niñas observan el mundo del conocimiento, y ver la manera tan indigna en cómo los manipulan es vergonzoso.
Eso sí, agradezcan a los grupos de choque que fueron contratados por la derecha y que son los que apuntan sus armas para conseguir su anhelado muertito, su víctima, un cadáver que pasear para gritar que fueron víctimas del Estado represor.
Quién lo iba a pensar: la CNTE siendo el brazo armado de la ultraderecha.
Y viene lo peor: el próximo año, en pleno proceso electoral, los volveremos a tener de visita, desempolvando las mismas tonterías, pero más violentos, pues el 27 y las elecciones serán su nuevo río revuelto.
Son pronosticables estos mercenarios y de verdad esperaríamos que se encuentren con otro tipo de negociadores del gobierno; algunos, digamos, con más piel política, de esos que vienen también de la lucha universitaria.






