Picotazo Político: Mencho
Pongámosle pausa a la novela de Scherer “El Coyote” y centremos la mirada en uno de los golpes más fuertes que un gobierno (ya no digo este gobierno, sino cualquiera que lo antecediera) haya realizado.
Ha muerto el mítico Mencho, tasado por el gobierno de los EUA como uno de los más sanguinarios y portador de una etiqueta de 15 mdd por su captura. El capo que el 26 de junio de 2020 ordenó la ejecución de Omar García Harfuch en Lomas de Chapultepec, en la Ciudad de México, muy temprano, dejando un saldo de tres personas muertas y al entonces secretario de Seguridad de la CDMX con varias heridas de bala.
Y mire que se va a hablar y escribir mucho sobre el CJNG y su fundador abatido. Lloverán (como está ocurriendo desde el momento del operativo federal en Jalisco) todo tipo de teorías. Las brujas de la predigitación danzarán llorosas alrededor de fogatas advirtiendo que México está en llamas y que es porque Trump así lo ordenó y aquí lo obedecimos.
Ya sabe usted, las famélicas líneas intelectuales bañan las redes sociales cumpliendo el mantra de “hacerla de a pedo” por todo. ¿Y si el Mencho está vivo y se lo llevaron a los EUA o si fue asesinado para silenciarlo y que no hable de más? Se nos olvida que el Chapo sigue cantando en los EUA —ese sí, muy cuate de varios expresidentes y exgobernadores—.
En fin, hay personas que nada los llena (no citaré la famosa frase del expresidente Peña aquí).
Lo de este domingo 22 de febrero es, dirían los intelectuales, un parteaguas en la historia de este país. Mientras el público se concentraba en la guerra entre Chapitos y Mayitos, el gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum elaboraba, con la asistencia de los servicios de inteligencia de los EUA, una de las cirugías más delicadas en materia de seguridad.
Al Mencho lo venían siguiendo desde hace varios meses. Hubo momentos en donde todo indicaba ser la oportunidad para su captura, pero una de las razones de por qué resultaba ser altamente delicada fue el nivel de penetración y control del cártel en prácticamente todas las arterias de gobierno en Jalisco, desde policías municipales hasta estatales. Su captura no dependía del número de efectivos del ejército, sino de que no fuese alertado por sus informantes.
Ello le permitió al capo moverse con mucha facilidad (junto con su familia) en el estado, gracias a la protección estatal y municipal.
El gabinete de seguridad federal cumplió al mantener la información de los movimientos del narco nacido en Aguililla, Michoacán en la más absoluta discreción. Solo un grupo de cinco altos funcionarios federales sabían del momento del operativo y, a la cabeza de este equipo, la propia Presidenta de México, instrumentado por García Harfuch, quien desde el sábado por la tarde-noche habría dado luz verde.
Fue el Ejército Mexicano, la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional las cabezas de esta operación. Después sabremos por qué la Marina tuvo un papel simbólico (el huachicol operado por los del CJNG sembró sospechas de una posible contaminación entre mandos marinos).
Está por demás mencionar que el gobierno de Jalisco fue prácticamente omitido, pues no se les informó de lo que venía. Repito, por temor a una fuga.
Entre los “costos” considerados por la operación se tomó en cuenta la posibilidad de actos de sabotaje a gran escala, tales como autos bomba o el secuestro de camiones con pasajeros, así como los narco bloqueos. Estos últimos fueron los que se presentaron, muchos con un efecto de histeria colectiva como medida real de parálisis en todo el país.
No ocurrió (y esperamos que no suceda) un enfrentamiento a mayor escala entre los muchos sicarios del CJNG y los elementos federales. En términos reales de fuego, no se ha visto esa modalidad de “guerra civil” en las calles o ciudades, y esto se debe a que las fuerzas federales tomaron casi de inmediato el control de esas zonas que muy temprano comenzaron a llenarse de camiones incendiados.
Hubo un efecto “cucaracha” casi de inmediato.
Y sí, la Presidenta Claudia Sheinbaum tomó una de las decisiones más difíciles de su gestión por el grado de volatilidad del asunto. El CJNG representa un imperio criminal, con ramificaciones en todo el país, una trasnacional que corrompió gobiernos, que ha impuesto presidentes municipales (el de Tequila, Jalisco es solo uno de ellos), un cártel que maneja inversiones hasta en ramas turísticas y el obligado tema del huachicol, sin descontar que ha reclutado a cientos de miles de jóvenes en todo el país.
Vendrán muchos cobros de facturas, políticos que tendrán que entregarse a las autoridades o salir del país, pues esto, entre los sobrevivientes del Mencho, lo han tomado como una traición.
La caída del Mencho es uno de los actos más valientes de esta administración, pero la ausencia física de este personaje significa que otros escalones se inaugurarán, llevándonos a reacomodos y luchas internas por ver qué grupo se queda con el cártel o en cuántas fracciones se dispersará, con la firme esperanza de que no se presente la consabida cuota de sangre y terror.
Omar García Harfuch ha demostrado ser altamente eficiente para el país y para la Presidenta, lo que triplica su figura. Pero para todo, sea para el futuro o como objeto de ataques, tanto de los narcos —que no están nada contentos— como de sus enemigos políticos. Y no me refiero a la oposición política (la cual no existe), sino a los que antes no lo querían. Omar ya es el objetivo a vencer.
De ninguna manera se puede dejar de lado el papel de nuestros soldados, hombres y mujeres, de Defensa y Fuerza Aérea, las y los elementos de la GN. Valientes, heroicos. Instituciones que demuestran lealtad y una capacidad de sacrificio que creíamos ya no existía.
Se vienen tiempos complicados, pero ya vimos que hay mexicanas y mexicanos muy chingones para enfrentar lo que venga. Solo queremos hacer extensiva esta misma invitación a la gallardía a los que escriben, analizan y opinan, desde la comodidad de su atrincherada sala. Son tiempos de solidaridad y fuerza nacional. La Presidenta ya nos dio una muestra real del estilo de su gobierno.










