Picotazo Político: No vean Tv Azteca
El tío Richie le debe un GRACIAS gigantesco a la presidenta Claudia Sheinbaum, pues bastó una sola frase, en horario triple A de las mañaneras, para que sobre la televisora del Ajusco lloviera un rating que ni en sus mejores tiempos les habría llegado.
El no vean TV Azteca ha significado una genialidad publicitaria, pues les arrojó la roída manta de la victimización a los muchachones de Salinas Pliego… ¡CENSURA!, ¡EL GOBIERNO NOS QUIERE CALLAR!, ¡LA 4T ES LA SANTA INQUISICIÓN!, gritan, además de un sinfín de tonterías, redituables, pero tonterías propias de los guionistas de Alatorre o de López San Martín y toda esa tropa de conductores y conductoras que, con rostro infantil, muestran el puchero bien ensayado para que les crean que están molestos. Y con franqueza afirmo que existen comunicadores valiosos y bien preparados en esa televisora, muy buenos, pero se entiende que no pueden llevar la contraria a quien expide sus cheques quincenales; tan lo entiendo porque yo mismo, en espacios radiofónicos del pasado, fui presionado a cancelar entrevistas a todo lo que tuviese que ver con AMLO y su movimiento. Lo digo con cierta vergüenza, pero tenía que comer y pagar colegiaturas con el sueldo de ese momento, y esto sucede con los aztecos, ni hablar.
No, no existe censura presidencial. Si queremos hablar de CENSURA, de la de verdad, vayamos a finales de los 70, cuando, por la vía de la cooperativa de EXCÉLSIOR, Luis Echeverría Álvarez, presidente de México, declaró la guerra a Julio Scherer García y a todo el brillante equipo de periodistas que conformaban el mejor diario de la época: Vicente Leñero, Miguel Ángel Granados Chapa, Carlos Monsiváis, Octavio Paz (fue jefe de la sección cultural) y Abel Quezada, entre muchos más intelectuales, reporteros y columnistas grandes.
En estos tiempos es inimaginable encontrar a alguien del tamaño filosófico de Paty Chapoy, Alatorre, López San Martín o Pedrito Solá, el de las mayonesas, frente a estos monstruos históricos del periodismo de aquel EXCÉLSIOR de 1976.
Así que NADA DE CENSURA en el caso de TV Azteca. Censura la de Echeverría y la de otros casos en los que desde la oficina de Comunicación de Presidencia se pedía a los dueños de los medios que le bajaran con sus comentarios, tal y como Eduardo Sánchez, vocero de Peña Nieto, pidió a mis directivos en ABC Radio para que no tocara a su jefe en el Picotazo Político. Obvia decir que los mandamos al diablo y yo seguí señalando la monumental corrupción de Peña, Videgaray y Aurelio Nuño.
En fin, solo les pedimos a los aztecos que no sean cristalitos.
El problema con TV Azteca es que están convencidos, como parte del adoctrinamiento, de que lo que hacen es periodismo y que están defendiendo a la dama conocida como libertad de expresión. No; en realidad solo cumplen con la directriz planteada por el propietario, mismo que no le perdona a este gobierno que le cobren impuestos y que lo hayan dejado fuera del presupuesto publicitario oficial. A Televisa le tocaron poco más de 330 millones de pesos el año pasado; a Azteca ni un solo peso, y eso calentó a Salinas.
TV Azteca lleva tiempo instrumentando una vulgar campaña de golpeteo en contra de la administración de la presidenta Sheinbaum, y digo vulgar porque es evidente que no les interesa ningún partido de oposición y sus innumerables escándalos: el cártel inmobiliario de Jorge Romero y los muchos panistas salpicados, o Alito y la corrupción en Campeche, o la nómina en MC perteneciente al CJNG en el santuario jalisciense.
A los gerentes de información de Azteca solo les importa todo lo que se pueda atacar de Morena, que si bien son muy públicos sus pecados, no pueden argumentar que la mandataria los ignora sin mover sus piezas para ir corrigiendo esas herencias malditas.
La vendetta de Azteca en contra de este gobierno es por billetes, los de la deuda de Hacienda y los que ya no llegaron por espacios oficiales, ¡punto!
Ahora bien, el no vean Azteca no es necesario, por lo menos para este servidor. Y me iré de frente: no veo programas de TV abierta, de ninguna casa televisiva, y en mi soberano derecho argumento que los rechazo porque son verdadero veneno para la mente, productos chatarra que, así como existen alimentos que enferman el cuerpo, lo mismo encuentro con la basura que entra por los ojos y termina por idiotizar a quien los consume.
Pero no me tuvo que venir a decir la jefa del Ejecutivo esto; yo lo decidí desde hace mucho tiempo y, créanlo, no es que uno se haga más inteligente, solo adquiere un nivel más sano de conciencia y así dejamos de estar repitiendo, con sonrisa tonta en el rostro, el TODOS SOMOS MARU.
Digo, solo ellos se creen sus cuentos. Hasta parece telenovela o programa de entretenimiento creado por aquella zona del Ajusco.
Y les puedo jurar que los que están que arden de envidia son los de Alazraki en Atypical, rémoras del priismo y muy necesitados de un empujoncito mañanero para que ensaliven las redes gritando CENSURA, así, con la voz de Carlos Alazraki.
¡Les urge!






