Picotazo Político: plan oriente para Michoacán
La mejor definición para este caso es “una radiografía de contraste”, ya sabe, esas cosas de la medicina que sirven para que el galeno tenga el perfil más exacto de lo que busca erradicar; en la sustancia salina (yodo o bario) que nos suministran por vía oral o intravenosa y después, por medio de rayos X, se hace la magia de la ciencia y el cuadro completo de los órganos se ve en primera fila con lujo de detalles.
En el campo de la medicina es de mucha utilidad, así un especialista no andará adivinando sobre dolencias y enfermedades. Ya en la mesa de operaciones políticas, desde el gobierno, se ha venido utilizando para lo que aquí hemos mencionado en múltiples ocasiones: el Plan de Rescate de los 11 municipios de oriente del Estado de México, donde la presidenta Claudia Sheinbaum puso en operaciones todas las instancias de gobierno y primero aplicó la radiografía de contraste, movilizando a miles de servidoras y servidores públicos para que, sin filtros, fueran a los municipios y recorrieran todas las colonias. La tarea fue titánica, pero se pudo levantar una de las encuestas más precisas sobre lo que a la gente le preocupa, así, sin “coyotaje” ni intermediarios, los habitantes de Neza, Chalco, Los Reyes La Paz, Chimalhuacán, etcétera, sacaron de su ronco pecho lo que les quita el sueño.
A unos meses de haberse implementado y con la eficiencia de Armando Quintero Martínez, director del Instituto Nacional para el Desarrollo del Federalismo y Desarrollo Municipal de la SEGOB y del gobierno del Estado de México, se ha podido reducir significativamente rubros como el de la inseguridad o salud, la instalación de escuelas cercanas para las y los jóvenes o quitarle la condición de suelo lunar a tantas calles y avenidas de esos golpeados municipios.
¿Y qué tiene que ver esto con Michoacán?
No cabe duda de que a la presidenta Sheinbaum le sale bien hacer las cosas a detalle y bajo parámetros científicos (qué bonito es respirar sin sobresaltos al saber que existe quien no toma decisiones sobre las rodillas). Es cuando se toma el ejemplo de los resultados del plan de oriente en el Estado de México y se echa a andar la mencionada radiografía de contraste, ahora para Michoacán.
Miles de almas de todas las instancias del gobierno federal recorren el estado y los municipios más golpeados, no solo por el crimen, sino por un histórico abandono de todas las instancias de gobierno (ojo: no son los “servidores de la nación” los que están haciendo este trabajo, se trata de funcionarios públicos no vinculados a lo electoral).
Las encuestas están arrojando la cruda realidad de un estado que fue mal escuchado y atendido equivocadamente, sangrante no solo por las balas y ese imperio de muerte y miedo, sino porque desde décadas a los políticos les valió madre atender detalles como el no acercarles centros educativos para las y los chavos con aspiraciones universitarias. El Plan Michoacán es de suyo ambicioso y profundo, lleva en las alforjas mucho dinero, 57 mil millones de pesos, y es la misma receta, solo que con parámetros de combatir un cáncer mucho más agresivo que el que se aplicó en el oriente del Estado de México.
Y si creíamos que todo se resume en “pegarle al avispero de los narcos” y mandar al Ejército al estilo de Calderón (a eso me refiero de hacer las cosas con las “patas”), pues no. Claro que la presencia de las fuerzas federales es vital en estas horas negras, pero a Michoacán se le abandonó desde los engranajes sociales y económicos, profundizando la miseria y excluyendo a las y los jóvenes de cualquier tipo de oportunidades. Para ello entrarán en operación varias universidades con todo y la lógica de incorporar a sus graduados a zonas productivas; es decir, sus problemas son de origen y no con la fácil salida de más policías y armas.
Seamos honestos: ¿qué sucede cuando a un joven o adulto se le paga 20 pesos por cada caja de limón cosechado? Para una jornada de seis horas de trabajo solo les alcanza a cosechar 5 a 6 cajas, así que su salario diario es de 100 a 120 pesos. Y para que la economía doméstica funcione, se requiere que familias enteras vayan al campo a matarse en la corta de limón. ¿Qué parte de esta cadena productiva se pudrió abandonando a los más pobres? ¿Por qué no se entendió un principio básico de la economía como es el impulso de los incentivos y echar a andar la maquinaria del mercado interno en el estado?
Una cosa es cierta: alguien, en esa ruta, se está enriqueciendo. Por supuesto que los productores de limón son extorsionados por el crimen organizado y elevan sus precios al acaparador de las centrales, pero vemos que hasta el fondo de este sistema los que de verdad están dejando la vida por pinches 20 pesos son los eternos olvidados. Ahí es donde este modelo del plan michoacano operará, pero no porque el gobernador Bedolla sea una fiera (de hecho es un estorbo e incluso un vulgar cómplice del estado de las cosas). El Plan de Paz y Justicia de Michoacán es todo lo opuesto a lo que se “hizo” en el pasado o, mejor dicho, a lo que no se efectuó.
Es justo mencionarlo como el modelo del plan de rescate de los 11 municipios de oriente del Estado de México y su sensible éxito a ras de ciudadanía, que si nos acercamos a dicho laboratorio nos encontramos con muchos menos discursos triunfalistas y menos demagogia, y una muy sólida entrega de resultados hacia los que históricamente habían sido ignorados: las y los ciudadanos de verdad. Con esta receta similar al Edomex, seguro estaremos empezando el 2026 con buenos números, sin, claro, echar las campanas al vuelo.






