Reflexiones hacia la renegociación del T-MEC
La ola atípica de inversión extranjera que México experimentó, principalmente en 2023, comenzó anticipadamente su declive con la sola intención de Donald Trump por ser candidato del Partido Republicano a mediados de 2024. La incertidumbre entre los inversores se acrecentó durante un periodo electoral convulso entre posicionamientos, declaraciones y discursos que reafirmaron, en noviembre de 2024 con la declaración de victoria de Trump, el retorno de EE.UU., a una política proteccionista. Para México, el discurso antimigrantes, arancelario y nacionalista, justificado en la seguridad nacional, especulaban aún la posibilidad de una mayor atracción de inversión derivado de las ventajas comerciales del T-MEC.
No obstante, desde enero de 2025 a la fecha, se han experimentado momentos cruciales que definieron la política de EE.UU. en la región, y en consecuencia de afectación directa a México. De ellas, la argucia basada en la Sección 232, de la Ley de Expansión Comercial de 1962, no únicamente permite a EE.UU., la imposición de aranceles a productos de importación, so el T-MEC, sino que conlleva un manotazo político en la mesa, imponiendo las reglas de renegociación. Si bien el instrumento era ya contemplado en las negociaciones desde 2018, su reiterada implementación a lo largo del presente año, dirigida a materias primas, ha terminado por sepultar los anhelos del libre comercio regional. La muestra más clara del control y cambio de agenda provocado por Trump se encuentra en el imaginario colectivo: ni en México ni Canadá se habla sobre la continuación del tratado hasta 2036, y por ende su renovación en 2026, en su lugar se discute, con razón, sobre la renegociación del Tratado.
Lo anterior, junto con las medidas emprendidas en contra de los cárteles de fentanilo, el recrudecimiento de su actividad política hacia Venezuela, y los tratados en materia de información biométrica en Centroamérica y México, culminan por reavivar el inicio de 3 años más de una conocida doctrina: América para los americanos.
Frente a este proemio de telón, México no ha mostrado señales de un posicionamiento sólido. Con independencia de una mayor probabilidad de victoria ante EE.UU., basado en los calmos resultados técnicos y no el estruendoso auditorio mediático, limitado es el margen de negociación para Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard. Hace pocos días, un cohibido guiño fue esbozado, tras la visita oficial de Mark Carney a México, en la forma de un Plan de Acción México Canadá 2025-2028. Pese a que su contenido se resume a un entendimiento de temas mutuos, el espíritu del documento busca transmitir la unidad de ambos países hacia la renegociación del T-MEC en 2026. Y, más aún, la coincidencia de su duración, con el periodo de la segunda presidencia de Trump, es asimismo un mensaje intencional que sentencia sutilmente el desacuerdo de ambos países hacia la política de Donald Trump.
Lo anterior siendo un punto favorable para México, con reservas de que dicha acción no agite el avispero, podría terminar en la historia como una buena intención anecdotaria, dado que en la realidad México parece ya atender los intereses de EE.UU. al restringir la entrada de productos chinos en el país; medida que se contempla en el Paquete Económico 2026. Más aún, las posibles nuevas atribuciones de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones, en el contexto actual, anticipan que se emplearán, bajo la justificación acertada de protección de las audiencias, en contra de plataformas digitales como TikTok y Aliexpress.
Sobre este tema, y a nivel macro, la sumisión de México reside en prepararle a EE.UU. un terreno propicio para la consolidación de monopolios, en este caso en materia de plataformas digitales. Por su parte, el interés de EE.UU. no se limita al beneficio empresarial, sino a un tema de seguridad nacional en el que los patrones de comportamiento de usuarios terminen siendo de su uso exclusivo. Tanto para la anticipación de posibles conductas terroristas, de migración ilegal, y también de patrones de consumo.
Si bien el tema del Huachicol es un tema muy amplio, cabría la suspicacia sobre si la información proporcionada por ex líderes del narcotráfico en México, y ahora testigos colaboradores en EE.UU., es la razón por la cual el actual gobierno parece haber de facto claudicado. Aunque se hable del 2026 como la fecha de renegociación del T-MEC, en la realidad dio inicio a la par del mandato de Trump. En resumen, el triunfo electoral de Donald Trump significó para México el fin de una corta bonanza en materia de atracción de inversión extranjera, Nearshoring; la imposición de una agenda en materia de migración y seguridad; y la exigencia de medidas para frenar la influencia de China en el país. Pese a la unidad entre México y Canadá con miras a la renegociación del T-MEC, en la realidad observamos ya indicios de requisitos previos que parecen le fueron exigidos al gobierno de México para poder sentarse en 2026. A lo anterior, una posible explicación revolotea en la opinión pública indiciando los vínculos de la clase política mexicana con el Huachicol y el crimen organizado.
@LuisFAlcant
Director de Políticas Públicas en RCPH Servicios, y Maestro en Políticas Públicas por el ITAM










