Las leyes secundarias de la reforma educativa se negociarán con la CNTE y con el SNTE, informaron la SEP y la presidenta de la comisión de Educación de la Cámara de Diputados, Adela Piña.

Específicamente, dijo el secretario Esteban Moctezuma a Mariana León, de El Financiero, habrá negociaciones con los docentes por las leyes secundarias que definirán los mecanismos de ingreso.

¿Por qué negocian la educación con esas mafias?

Porque el poder que se le había quitado al sindicato se le ha devuelto.

Con la nueva reforma educativa quedan protegidos los derechos de los maestros, pero a expensas de conculcar los derechos de los niños. 

Estamos ante una barbaridad que muchos no quieren ver.

Las leyes reglamentarias no se redactarán en la Cámara de Diputados, donde están los representantes de los ciudadanos, sino en la Secretaría de Educación, entre sindicatos, Morena y autoridades educativas.

Se consuma la demolición de la reforma que le quitaba a los sindicatos la co rectoría de la educación, y se les devuelve en bandeja de plata.

Ayer por la mañana el presidente dijo en su conferencia que en “las leyes complementarias (de la reforma) se pueden tomar en cuenta todos sus planteamientos (de SNTE y CNTE) … Se convierte en realidad la consigna de que va a caer, va a caer, la reforma va a caer, y cayó”.

En efecto, así fue, y de inmediato quedaron suspendidas todas las evaluaciones de ingreso, de permanencia y promoción en el servicio docente.

Hay quienes, de buena fe, piensan que las evaluaciones van a quedarse bajo el nombre de “procesos de selección”, como se establece en la nueva letra de la Constitución. No es así. Desaparecen.

Si un maestro no tiene capacidad para estar frente a un grupo y dar clases, ahí se va a quedar.

Quedaron a salvo los derechos de los sindicalizados, pero no el de los niños.

¿Cuál es el objetivo esencial del proceso educativo? ¿El maestro sindicalizado, o el estudiante que va a aprender?

El gobierno, su partido y los sindicatos (SNTE y CNTE) le han dado vuelta a lo que decía la reforma anterior y pusieron el interés de los sindicatos sobre el derecho de los niños.

Ayer el secretario de Educación dijo que en este gobierno “las escuelas normales dejarán de ser marginadas y, por el contrario, serán la base de la transformación educativa”.

Excelente el planteamiento del secretario Moctezuma (un funcionario valioso, conocedor y de buena fe).

Sin embargo, el problema viene en el segundo paso de esa intención de dar fuerza a las escuelas normales: ¿cómo saber que sus egresados son aptos para dar clases? ¿Basta con un siete de promedio para ponerlos frente a un grupo?

La única forma de saberlo es mediante una evaluación. Ahí está la garantía para un padre de familia de que su hijo quedará en buenas manos y no en las de un grillo experto en bombas molotov.

Tiene que haber una evaluación para su ingreso al servicio docente, con cuestionarios formulados por un organismo autónomo.

Nada de eso va a ocurrir. Se acabaron las evaluaciones y desaparecieron el organismo autónomo (INEE).

¿Cómo van a regular el ingreso de los normalistas a las plazas de maestro?, le pregunté al secretario de la comisión de Educación, diputado Juan Pablo Sánchez Rodríguez.

“Es lo que tenemos que acordar con los maestros” en las mesas de diálogo, respondió.

Y añadió algo muy sensato: no hay suficientes plazas para todos los egresados de las normales, por lo que debe haber un proceso de selección.

Tal proceso, sin embargo, no será una evaluación como estaba planteado en la reforma que liquidaron.

Qué va a resultar, lo definirá una “mesa de diálogo”.

¿Y el interés superior de los estudiantes?

Para abajo. Quedarán en manos, otra vez, de lo que elijan los caciques del SNTE y los violentos de la CNTE.

A ellos les devuelven el poder que habían perdido.