EL HOMO CONSUMUS DE FIN DE AÑO

TOLUCA, Edoméx., 27 de diciembre del 2016.-  Durante las fiestas de fin de año, nuestra sociedad mundial, motivada por la excesiva publicidad propia del sistema económico operante, busca, en términos del PIB, incrementar el consumo y otras cuentas nacionales, siguiendo el precepto que proponía Adam Smith, del “más es mejor”; así el “consume más, es mejor”, aún impera en muchas mentes.

Comportamiento económico

Es 24 de diciembre y centenares de personas acuden a realizar las compras, desde aquellos adornos para la casa, que se lucen durante un mes al año, como también los ingredientes para la cena navideña, heredando del inevitable país del norte, costumbres totalmente ajenas, como el pavo navideño. Otros, por su parte, se reúnen para una gran fiesta o reunión advirtiendo la excesiva compra de bebidas alcohólicas y productos pirotécnicos para el entretenimiento de los más pequeños. Y claro, comprando los infaltables regalos para toda la familia, que nos “unen” más.

Es 31 de diciembre y nuestro comportamiento económico llega a ser muy similar al de noche buena, solo que con un tinte más festivo y de alboroto en celebración a un ciclo que termina y otro que comienza.

Sin embargo, basta con analizar un poco sobre cómo actuamos como agentes económicos en estas fechas, para producir una sonrisa en los decisores de política económica; pues, en cifras, resulta en: mayor consumo, mayores importaciones y exportaciones, mayor gasto público en todos los adornos que se colocan en la ciudad, por lo tanto, mayores ingresos por impuestos; y todo esto deviene en un inexpugnable incremento del PIB, y así un crecimiento de la economía en el último trimestre del año.

Pero, el comportamiento económico abarca más que dichos indicadores, así cuando analizamos algunos costos sociales –nos referimos a aquello que sacrificamos por obtener estos resultados, pero no medido en dinero, sino en variables de carácter cualitativo: axiológico, ambiental, social, salud, entre otros–, observamos cómo se da la enajenación del individuo en estas fiestas; su consumismo exagerado; la visión materialista de las nuevas generaciones, que antes de saludar a sus seres queridos exigen sus regalos; la polución del aire y el estrés o muerte de muchos animales con los productos pirotécnicos; la gran matanza organizada de animales: vacas, pollos, pavos, cerdos, etc.; el consumo de comida chatarra y licor, tan dañinos para la salud, que devienen en enfermedades como la obesidad, la diabetes, la indigestión, entre otras. Todo esto en el largo plazo, no solo produce grandes gastos a la sociedad, sino que la corrompe y la degrada, haciéndola insostenible en su desarrollo.

Acercamiento del pasado

Pero, estas fiestas, en sus orígenes, antes de representar una excusa para incrementar algunas cuentas de la economía nacional, tenían una significación lógica que permitía vivenciar el símbolo de manera trascendental a su esencia ontológica. Así, la navidad representa el recordar el Pensamiento del Cristo, aquel Gran Instructor del Mundo, que cada 2,000 años aproximadamente, quien nace como arquetipo de la era venidera, y brinda un mensaje renovador para el mundo; tal como lo hizo el Maestre Jhesú (Jesús en sánscrito), quien dio su mensaje de “Amaos los unos a los otros”. Y como complementa el eminente sabio francés, Dr. Serge RaYNaud de la FerRIère, que esta frase debe ser ahora entendida como: “Comprendeos, los unos a los otros”, en el sentido de asimilarse y de amarse con reflexión.

Por su parte, el año nuevo que se celebra en la mayor parte del mundo, fue instituido por la Iglesia Católica a través del Papa San Gregorio, quien modificó la calendarización compleja que seguía los movimientos de la Tierra, teniendo así fechas variables para el fin del año; para hacerla más simple e instituyó que el mes de diciembre tendría 31 días, representando así el último mes del año y que se ajustaría con los años bisiestos.

En síntesis

Deberíamos, analizarnos más, observar aquello que es realmente importante en estas fiestas, recordar el mensaje espiritual necesario para los tiempos en los que vivimos, y así valorar la unidad familiar y los efectos de nuestro comportamiento en todo aspecto, evitando que las consecuencias del mismo sean destructivas, observando no solo a nuestro entorno familiar, sino también a nuestro medio ambiente y a la formación axiológica que damos a las nuevas generaciones a través de nuestro diario actuar.

Finalmente, para estos tiempos de renovación en todos los ámbitos del humano vivir, compartimos esta frase del epistemólogo de América, Dr. David Juan Ferriz Olivares: “Queda atrás el mundo de lo ilimitado, de lo inalcanzable, de lo inasible, donde lo irracional reina enteramente con la idealidad de hacer de su rico caos un mundo organizado, y entra más y más el mundo de una naturaleza que pertenece más al cielo que a la tierra, que tiende a liberarse espontáneamente del peso de algunos elementos muy materiales y se aleja del instinto [como del consumismo], al que percibe como una opacidad contraria a su naturaleza aérea, volátil, transparente de limpidez espiritual, como las paredes de cristal en que busca luz y claridad. Ello no le impide el orden concreto, objetivo y organizado de la creatividad supracerebral y transformadora del mundo de la energía, las ondas y la electrónica, hacia una Edad de Paz”.