Revienta en Tecámac la violencia que incubó la confrontación política
Tecámac ya no es noticia por crecimiento económico, servicios o desarrollo social. Hoy es popular por sus ataques armados, amenazas políticas y un clima de confrontación que se ha normalizado peligrosamente.
El atentado contra la servidora pública Tania N., ocurrido a escasos metros de su domicilio y a bordo de un vehículo oficial, no es un hecho aislado: es el síntoma más grave de una guerra política que se salió de control.
Que una funcionaria municipal sea atacada con arma de fuego en plena vía pública, y que esto ocurra en el cierre de año, habla de un municipio fracturado, donde el ejercicio del poder dejó de ser institucional para convertirse en una disputa de fuerza, intimidación y miedo. Aunque el agresor falló en su intento de asesinato, el mensaje fue claro: en Tecámac, hoy la política se juega con violencia.
Un gobierno cercado por la confrontación
Desde hace meses, la administración encabezada por la alcaldesa Rosi Wong Romero, de Morena, arrastra un entorno de tensión permanente. Amenazas a funcionarios en activo, intimidaciones a exservidores públicos y confrontaciones internas han sido denunciadas sin que exista una narrativa clara de contención política ni un deslinde efectivo de responsabilidades.
El ataque contra Tania N., ocurre, además, después de advertencias públicas y privadas que ya habían sido señaladas ante las autoridades. Ignorar ese contexto sería irresponsable. Minimizarlo, aún peor. La violencia no aparece de la nada: se gesta cuando el poder se ejerce sin acuerdos, sin conducción política y sin control del conflicto.
Cuando el discurso no alcanza
Un gobierno no solo administra recursos: administra tensiones, diferencias y poder. Cuando esa tarea falla, el vacío lo llenan la amenaza, la intimidación y la violencia. Y eso es exactamente lo que hoy mancha a la administración municipal, donde ya nadie respeta a su alcaldesa Rosi Wong Romero.
Responsabilidad política, no solo penal
La Fiscalía hará su trabajo —eso se espera—, pero la responsabilidad política ya está sobre la mesa. Gobernar implica garantizar condiciones mínimas de seguridad incluso para quienes forman parte del propio aparato institucional. Cuando eso no ocurre, la crisis deja de ser de seguridad y se convierte en crisis de gobierno.
Tecámac no puede normalizar que servidores públicos anden con miedo, que las diferencias se resuelvan con advertencias armadas o que el cierre de un año termine con un atentado. Eso no es transformación, es retroceso.
Un llamado que no puede ignorarse
El ataque contra Tania N., debe marcar un antes y un después. No solo para encontrar responsables materiales, sino para desactivar la guerra política que hoy tiene al municipio atrapado.






