Soberanía nacional: poder popular y transformación del Estado
La soberanía nacional no es una noción ornamental del constitucionalismo ni una referencia retórica del pasado. Es la expresión viva del poder popular organizado en Estado y el principio que define quién manda, para quién se gobierna y a qué intereses responde el desarrollo nacional. En México, la soberanía ha sido históricamente un campo de disputa entre dos proyectos irreconciliables: el de la subordinación al capital y a intereses externos, y el de la autodeterminación, la justicia social y la dignidad nacional.
Durante el largo ciclo neoliberal, la soberanía fue erosionada de manera sistemática. Bajo el discurso tecnocrático de la modernización y la globalización inevitable, el Estado mexicano renunció a funciones estratégicas, entregó sectores clave y subordinó decisiones públicas a organismos financieros, mercados y poderes fácticos. El resultado fue un país profundamente desigual, con instituciones capturadas y una democracia vaciada de contenido social.
La Cuarta Transformación surge como una ruptura histórica frente a ese modelo de entrega. Su núcleo político es la recuperación del Estado como herramienta del pueblo y la reinstalación de la soberanía popular como fundamento del poder público. En esta lógica, el liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo consolida una etapa en la que gobernar significa ejercer soberanía con responsabilidad social.
Los avances logrados —disciplina fiscal con sentido social, fortalecimiento del mercado interno, recuperación de sectores estratégicos, ampliación de derechos y combate estructural a la corrupción— son decisiones soberanas que rompen con la lógica de dependencia.
Por ello, las resistencias no se hacen esperar. Hoy las amenazas a la soberanía no se expresan necesariamente mediante la intervención directa, sino a través de presiones financieras, litigios internacionales, campañas de deslegitimación y condicionamientos económicos.
Renunciar a la soberanía sería renunciar al pueblo. Frente a ello, la Cuarta Transformación establece una posición clara y sin ambigüedades: la soberanía no se negocia, no se comparte y no se entrega. En el México de la Cuarta Transformación, la soberanía se ejerce, se defiende y se profundiza.
Isaac Omar Sánchez Arce










