Transmite Iván su pasión por el folclor en los escenarios y la escuela
NEZAHUALCÓYOTL, Edomex., 14 de septiembre de 2026.-Antes de los grandes escenarios, de los viajes por México y de las clases frente a sus alumnos, estuvo un niño que descubrió la danza folklórica en la primaria y que, sin saberlo, comenzaba a encontrar una de las pasiones que marcarían su vida.
Luis Iván Ayala López recuerda aquellos primeros acercamientos como el momento en que nació un gusto que con los años se transformaría en una profesión. La música, los vestuarios, los pasos y las expresiones de las distintas regiones del país despertaron en él una curiosidad que nunca dejó de crecer.
“Desde niño me gustaba la danza. En la primaria tuve mis primeros acercamientos y ahí nació ese gusto que con el tiempo se convirtió en una pasión y después en una profesión”, recuerda.

La danza le enseñó a conocer México
Con el paso de los años, el bailarín comprendió que interpretar el folclor no consiste solamente en aprender una serie de pasos. Detrás de cada coreografía existe una historia, una comunidad y una manera particular de expresar las costumbres de una región.
Esa perspectiva lo llevó a entender la danza como una forma de acercarse a México. Los viajes que realizó le permitieron conocer diferentes estados, escuchar otras músicas, observar distintos vestuarios y descubrir que cada comunidad tiene algo que contar mediante sus tradiciones.
“La danza me ha permitido conocer gran parte de México. Cada viaje deja un aprendizaje y te permite entender que nuestro país es enorme culturalmente”, señala.

Para el bailarín y docente, cada presentación es también una oportunidad para que el público conozca una pequeña parte de esa diversidad y comprenda que el folclor mexicano no es una sola expresión, sino un conjunto de historias y manifestaciones culturales.
De la primaria a Bellas Artes
Su trayectoria lo llevó de aquellas primeras presentaciones escolares a escenarios que alguna vez pudo haber visto únicamente como espectador.
Entre ellos están el Palacio de Bellas Artes, el Auditorio Nacional y el Teatro de la Ciudad, espacios donde tuvo la oportunidad de llevar su trabajo frente a públicos diferentes.
Bailar en esos lugares representó años de preparación, ensayos y disciplina, pero también significó comprobar hasta dónde podía llegar aquella pasión que comenzó durante su infancia.
“Bailar en Bellas Artes es una experiencia que difícilmente se puede explicar con palabras. Es un escenario muy importante y llegar ahí representa muchos años de trabajo, ensayos y sacrificios”, expresa.
Cada escenario dejó una experiencia distinta, pero todos tienen algo en común: le recuerdan el largo camino recorrido desde sus primeros pasos.
Septiembre lleva el folclor a las calles
Las Fiestas Patrias tienen un significado especial para el artista porque permiten que la danza salga de los teatros y llegue a plazas, explanadas y espacios públicos.

Durante septiembre, las familias tienen mayores oportunidades de encontrarse con bailes tradicionales y conocer expresiones culturales que forman parte de la identidad del país.
“Es una época muy especial porque podemos salir a los espacios públicos y acercar la danza a la gente. Para mí significa representar a México con mucho orgullo”, explica.
En esos espacios también aparecen los niños que observan con curiosidad los vestuarios y siguen los movimientos de los bailarines. Para el maestro, acercarlos al folclor es importante porque alguno de ellos podría encontrar en la danza una pasión que, como ocurrió con él, termine acompañándolo durante toda su vida.
Enseñar lo que un día alguien le enseñó
Después de tantos años como bailarín, la enseñanza se convirtió en otra parte fundamental de su trayectoria.
Frente a sus alumnos, Ayala López vuelve de alguna manera a sus propios comienzos. Sabe lo que significa aprender los primeros pasos, equivocarse, repetir una secuencia y finalmente conseguir que el cuerpo responda al ritmo.
“Yo empecé siendo niño y alguien tuvo que enseñarme. Ahora me corresponde a mí transmitir lo que he aprendido”, afirma.
Por eso procura que sus alumnos no solamente memoricen coreografías. Busca que sepan qué están bailando, de dónde proviene una pieza y qué representa.
La disciplina, el respeto, la responsabilidad y el trabajo en equipo también forman parte de sus clases. Cada integrante de una coreografía tiene una función y el resultado depende del esfuerzo colectivo.
Trabajar con adultos mayores, otra forma de aprender
La enseñanza también lo ha llevado a compartir la danza con adultos mayores, una experiencia que tiene un significado diferente.
Trabajar con ellos le ha permitido descubrir que no existe una edad límite para aprender, bailar o disfrutar de la música. En estos grupos, la danza se convierte no solo en una actividad artística, sino en un espacio para convivir, expresarse y mantenerse activos.
Para Luis Iván, enseñar a adultos mayores implica tener paciencia, observar las necesidades de cada persona y entender que cada alumno tiene un ritmo diferente.

Pero la experiencia también le deja aprendizajes. Escuchar sus historias, compartir recuerdos relacionados con la música y observar el esfuerzo que realizan para aprender nuevos movimientos le confirma que la danza puede convertirse en un vínculo entre generaciones.
Verlos participar y superar sus propias dificultades representa una satisfacción distinta a la que encuentra con los niños, aunque en ambos casos existe algo en común: la emoción de descubrir que todavía se puede aprender algo nuevo.
Ver bailar a sus alumnos también es recordar su historia
Una de las mayores satisfacciones para el profesor ocurre cuando sus alumnos suben a un escenario.
“Cuando veo a un niño aprender sus primeros pasos y después subir a un escenario, recuerdo mis propios comienzos. Quizá alguno de ellos encuentre en la danza la misma pasión que yo encontré cuando era pequeño”, comenta.
Ese instante demuestra que la enseñanza tiene continuidad. Lo que recibió de sus maestros ahora puede llegar a otras personas y, con el tiempo, convertirse nuevamente en una tradición transmitida de generación en generación.
Mantener viva una tradición
Para Ayala López, mantener vivo el folclor mexicano no significa únicamente presentarse durante las Fiestas Patrias. Significa conseguir que las nuevas generaciones conozcan, comprendan y respeten las expresiones culturales que forman parte de la historia del país.
Por eso, después de recorrer diferentes regiones de México y presentarse en escenarios emblemáticos, su principal interés está ahora en compartir lo aprendido.
Desde las aulas, los escenarios, las plazas y los espacios donde trabaja con niños y adultos mayores, encuentra distintas maneras de acercar la danza a la gente.
Así, aquella pasión que nació durante una presentación en la primaria continúa presente varias décadas después. El bailarín que comenzó dando sus primeros pasos es ahora el maestro que acompaña a otros en los suyos.
Su historia, en buena medida, es también la de una tradición que se niega a desaparecer.
Porque para él, bailar es conocer, enseñar es preservar y transmitir es conseguir que aquello que un día recibió de otros continúe vivo en alguien más.






