Un nuevo año
La vida se mide con unidades de tiempo. El transcurso de un año recuerda el tiempo empleado por la tierra en darle una vuelta al sol. Llegamos a un término para volver a iniciar ese recorrido que cesa. Cada año deja su huella en nuestra existencia, nos dan experiencias y aprendizajes, van haciendo cierta mella en nuestro cuerpo, pareciera que los años se quedan y no se van; al mismo tiempo, cada año que transcurre es un año con el que ya no podremos contar.
Cada vez que se culmina un ciclo se agolpan una serie de sensaciones diversas. Vienen a la memoria situaciones entrañables que quisiéramos no terminen nunca. También queda la impronta de sucesos que hubiésemos preferido no haber vivido porque nos han dejado una herida y su solo recuerdo duele. Quedan también en el horizonte momentos donde vemos que pudimos haber hecho más y nos apena no haber puesto más de nuestra parte.
Agradecer permite aquilatar lo que tenemos. Es difícil valorar las cosas si no las miramos como algo que vale la pena. ¡Cuántas veces no advertimos suficientemente los bienes de los que gozamos! Damos por descontado la presencia de algunas realidades y no nos detenemos a pensar cómo nos facilitan la vida o lo complejo que sería vivir sin ellas. Hay un tipo de acostumbramiento que entorpece nuestra capacidad de apreciar y, por tanto, de reconocer el don o el regalo que tenemos.
Para algunas personas es más evidente lo malo. Todo el tiempo tienen la capacidad de fijarse en lo que no salió bien y les cuesta mucho trabajo disfrutar todo lo bueno que tienen. Enfrentan la vida con un pesimismo que impide gozar las pequeñas cosas que alegran la existencia.
No se trata de no advertir lo negativo, pero sí de no vivir sumergido en esa realidad, como si se tratara de una neblina omnipresente capaz de impedir mirar las luces que acompañan toda vida humana. De lo malo cabe el lamento, pero también es posible aprender para evitarlo, recomponer la propia conducta para encarar con mejor talante y con más sentido lo negativo.
Una de las realidades más crudas es cómo encajamos el mal que otros nos han causado. Sin duda, es importante buscar restablecer la justicia, pero también es necesario romper la cadena de acción-reacción y buscar el modo de dar pie a algo nuevo. Esa es una de las maravillas de la libertad, la capacidad de iniciar lo inédito. El perdón es una realidad que da origen a un recomienzo porque rompe con lo pasado y posibilita el surgimiento de una renovada iniciativa.
En ocasiones el perdón comienza por uno mismo. No quedarnos atascados en un error de manera permanente. Hacer el esfuerzo por aprender, corregir y cambiar. La vida humana parece ser la capacidad de reiniciar muchas veces. Casi nunca se consiguen las cosas a la primera, es necesario reemprender el camino una y otra vez.
Una de las consecuencias de mirar al futuro es plantearse metas. Enriquecer nuestra vida con objetivos que permiten darle proyección y sentido. Importa no intentar afrontar demasiadas cosas y si concentrarse en algunas para poder emplear adecuadamente nuestras fuerzas en lograrlo.
Se termina un año, uno más. Cabe mirarlo con agradecimiento, también con un poco de compasión hacia nosotros mismos y los demás. Así puede ser que surja alguna idea que haga mella y nos mueva a movernos hacia el futuro con una remozada ilusión.






