Lozoya viene por Videgaray… y por su libertad

Pablo Hiriart

 Al gobierno le urge un tanque de oxígeno que irrumpa un escándalo que nos ponga a hablar de un tema distinto al desastre social, económico, de salud pública e inseguridad en que sus malas decisiones nos han metido.

 Ya lo tiene. Emilio Lozoya llegó a un acuerdo con la Fiscalía General de la República que encabeza Alejandro Gertz Manero, y aceptó  ser trasladado desde Madrid, donde se encuentra preso, a la Ciudad de México.

Aceptó cooperar, dijo ayer la FGR.

«Va a cooperar», me dijo una fuente cercana al inculpado.

Comenzó la temporada de cacería mayor para el gobierno, que es la única manera de ser competitivo en las próximas elecciones.

Habrá que estar pendiente para separar la verdad de las fabricaciones, la justicia de la propaganda.

Como anillo al dedo para esta administración cayó el acuerdo con Lozoya y lo que será su lucha por recobrar la libertad.

Cercanos  al ex funcionario indican que a Lozoya no se le dio la oportunidad de declarar en México, así es que se llegó a un acuerdo con la FGR y vendrá a hacerlo.

Como se sabe, son dos los temas que tienen preso a Lozoya en Madrid y por las cuales hay orden de aprehensión girada por un juez, a solicitud de la FGR, el 28 de mayo de 2019.

Uno es la compra de la empresa Agronitrogenados a Altos Hornos de México, que según la acusación fue realizada a sobreprecio y con un daño patrimonial a Pemex pues habría comprado chatarra a precio de una empresa limpia y productiva.

Lo que dirá Lozoya, me explican, es que Pemex compró Agronitrogenados por instrucciones del presidente Peña Nieto y del entonces secretario de Hacienda, Luis Videgaray.

El otro tema que es base de la acusación, son los depósitos a una cuenta abierta por él, de parte de la constructora Odebrecht, en un paraíso fiscal en el Caribe.

Tal dinero habría servido como cohecho al ex director de Pemex para obtener contratos de la compañía estatal del petróleo en México.

Al respecto, Emilio Lozoya va a decir que ese dinero presuntamente fue para financiar la campaña presidencial del entonces gobernador del estado de México, Enrique Peña Nieto.

En su descargo va a alegar que la operación se hizo por instrucciones de Luis Videgaray y gente cercana a él.

Personas cercanas a Emilio Lozoya están convencidas de que toda la acusación contra del ex funcionario fue armada, a manera de venganza, por el actual director de la Unidad de Inteligencia Financiera de la secretaría de Hacienda, Santiago Nieto.

El actual titular de la UIF, nos comentan, primero quiso entrar a la campaña de José Antonio Meade, y no lo recibieron. Luego buscó a Ricardo Anaya y tampoco le abrió la puerta. En el circulo de AMLO encontró acogida y por eso está hoy en ese lugar

Conjeturas aparte, el hecho es que Emilio Lozoya viene a México a colaborar con la FGR, o como eso quiera ser interpretado.

Va a ser maná caído del cielo para el gobierno cuyo partido chapotea en corrupción. El presidente de Morena tiene demandada por robo y lavado de dinero a la secretaria General del partido.

Integrantes del gabinete dan contratos multimillonarios a sus compadres.

Acumulan propiedades de manera inexplicable.

Trafican con instrumentos médicos indispensables para salvar a contagiados graves de Covid.

Y cerca del 80 por ciento de los contratos de obra pública se entregan por dedazo, sin concurso.

Lozoya y lo que diga llenará buena parte de la discusión pública, intentará borrar del debate el presente y nos volcaremos hacia el pasado, hasta las elecciones del próximo año.

Salvo que haya una nueva bomba, solicitada en el próximo viaje de AMLO a saludar a Donald Trump, como recompensa por ir a levantarle el brazo para atraer voto mexicoamericano.

Siempre habrá un testigo protegido dispuesto a decir lo que le pidan a cambio de una reducción de condena. En Estados Unidos (el Rey Zambada, hermano del Mayo, ya salió libre luego de declarar contra García Luna), en México, y donde sea.

Por cierto, Emilio Lozoya Thalman, padre del ex director de Pemex, me dijo hace unos días algo que me quedó dando vueltas: «Yo no eduqué criminales, Pablo. Así como me conoces me educaron, y así eduqué».

Veremos mucha agua correr bajo los puentes.