Victorias Pírricas
La presidenta y el régimen político se han anotado dos victorias con probables altos rendimientos electorales: Jalisco y Chihuahua. Para quienes juzgan se les hace fácil condenar a los mandatarios por no resistir la embestida del centro de clara motivación política, como si un gobernador pudiera enfrentar al gobierno federal. El último caso exitoso fue el de Venustiano Carranza y su Plan de Guadalupe, disputa por el poder que se resolvería en la arena de las armas.
Lo menos por reconocer es que los gobernadores tienen muy poco espacio para contener una acción punitiva desde el centro. Los exgobernadores panistas y uno que otro priísta podrán documentar algo en sus diferencias con el presidente en turno. Sólo el Congreso puede hacerlo desde que la oposición ganó mayoría hace casi treinta años, situación de gobierno dividido que se canceló con el triunfo de López Obrador en 2018.
La presidenta se regocija con su ataque a los gobernadores opositores, van tres, Chihuahua y Querétaro del PAN y Jalisco de MC. En el caso de los panistas se sobrepone la tesis de la defensa de la soberanía nacional, a manera de dejar, como dice la presidenta, que cada uno llegue a sus propias conclusiones quién es traidor a la patria (a partir de información sesgada). En Chihuahua, sí puede mover las preferencias por la imposibilidad de resistir y colaborar desde el Estado en la detención y acusación del exfiscal César Jáuregui. No se sabe qué movió a la gobernadora a una decisión en tal sentido, tampoco los resultados de las investigaciones a cargo de la fiscalía local. Situación distinta a lo que sucede con la FGR, la motivación presidencial es política y de corte electoral, la intervención de la fiscal Godoy lo confirma. Justicia penal politizada, a modo de las necesidades del régimen político.
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