CD DE MÉXICO., 9 de diciembre de 2013.- Por otra parte, los niños en edad escolar (de cinco a 11 años) de ambos sexos presentan una prevalencia nacional combinada de sobrepeso y obesidad de 34.4 por ciento: 19.8 para sobrepeso y 14.6 para obesidad. Asimismo, 35 por ciento de los adolescentes de entre 12 y 19 años, así como 73 por ciento de mujeres adultas y 69.4 de hombres adultos, tienen sobrepeso u obesidad.

En cuanto a la prevalencia de anemia, en los preescolares (menos de cinco años) es de 23.3 por ciento y en los niños de 12 a 23 meses de edad, de 38.

A partir de esta realidad, el Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD, por sus siglas en alemán) y la UNAM, a través de la Facultad de Química (FQ) y el Programa Universitario de Alimentos (PUAL), organizaron el seminario multidisciplinario La mala nutrición en México. Problemática y posibles soluciones.

El encuentro se llevó a cabo en el auditorio Alberto Barajas Celis, de la Facultad de Ciencias, bajo la supervisión académica de Amanda Gálvez Mariscal, profesora de la FQ y coordinadora del PUAL, y Carolina Peña Montes, ex alumna del DAAD, con la colaboración de Gabriela Salinas y Rocío Fernández.

Cuatro ejes temáticos

Dividido en cuatro ejes temáticos (Nutrición, Biodiversidad, Abasto de Alimentos y Seguridad Alimentaria, así como Legislación y Política), contó con la participación de diversos especialistas que aportaron sus conocimientos e ideas.

Alrededor del tema de la nutrición hay una serie de factores que lo vuelven complejo. No es fácil resolverlo y, por lo tanto, la idea fue analizarlo de manera multidisciplinaria para estar en condiciones de elaborar un paquete interdisciplinario de propuestas.

En un extremo del problema de la mala nutrición se encuentra la gente sumida en la pobreza extrema, a la que le falta alimento y, en el otro, las personas obesas, que ingieren más calorías de las que necesitan y requieren de una educación alimentaria.

“Necesitábamos saber cuál es el estado de la nutrición en el país, por eso asistió Teresa Shamah Levy, coordinadora de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición.

“Tuvimos también a Héctor Bourges Rodríguez, una autoridad en cuestiones de nutrición del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, y a Luis Alberto Vargas Guadarrama, del Instituto de Investigaciones Antropológicas, quien conoce bien cómo se comía antes y cuáles son las plantas comestibles y alimentos que poco a poco se han abandonado”, indicó Gálvez Mariscal.

Las plantas de la milpa, como los quelites y los quintoniles, son algunas de las que se consumen cada vez menos, junto con alimentos ancestrales como el amaranto, un seudocereal con un buen valor nutrimental en términos de la calidad de su proteína, que no ha vuelto a cobrar la importancia que debería tener en la alimentación de los mexicanos, destacó.

Las bondades del amaranto

Desde el punto de vista de la biodiversidad, no basta con rescatar estos cultivos: la gente debe demandarlos y, al mismo tiempo, el sistema de abasto de los mercados y los supermercados tiene que acogerlos.

Por ello, se invitó también a Matthias Jäger, de Bioversity International, un especialista en el rescate de la quinua, otro seudocereal que se da en los países andinos y que ha resultado un éxito en el mundo.

“Es un equivalente del amaranto de México, pero este último posee incluso mejor valor nutrimental en cuanto a los aminoácidos indispensables. Lo ideal, entonces, sería que la gente tuviera acceso a más productos con amaranto, pero antes tenemos que involucrarla en un sistema de educación alimentaria que rescate la tradición en un contexto moderno y para eso probablemente necesitaremos legislación y política”, consideró.

De ahí que se haya invitado a investigadores que trabajan con bancos de semillas, como Flavio Aragón Cuevas, del Campo Experimental Valles Centrales de Oaxaca, del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias, y Edelmira Linares Mazari, del Instituto de Biología, así como a otros que estudian el tema del abasto de alimentos, como Gerardo Torres Salcido, del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades.

Derecho a la alimentación

Rodrigo Gutiérrez Rivas, del Instituto de Investigaciones Jurídicas, indicó que el derecho a la alimentación ya es constitucional. Ahora, en opinión de Gálvez Mariscal, se deben crear leyes y normativas que acojan el rescate de la biodiversidad y de la tradición mexicana en términos de educación, de recetas y de intervenciones sociales.

“Al mismo tiempo, hay que considerar la situación nutricional de la población y sus posibles soluciones. Es indispensable que los alimentos estén disponibles a unos precios correctos, pero también que representen un buen negocio para los agricultores que los producen”.

Al respecto, se contó con la presencia de Romel Olivares, de la Universidad Autónoma Chapingo; Fernando de la Torre, del Centro Nacional de Recursos Genéticos; Eduardo Benítez Paulín, de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) en México, y Martín Puchet, de la Facultad de Economía de la UNAM.

Una vez que concluyó el seminario, las coordinadoras académicas y los ponentes se reunieron en un taller cerrado para ordenar ideas y promover los lineamientos o posibles acciones interdisciplinarias que habrán de involucrar a la sociedad, las ONG, los educadores, las universidades, los investigadores en nutrición y en tecnologías de alimentos, los nutriólogos, los juristas y los estudiosos de las ciencias sociales, entre otros.

Por su lado, Peña Montes comentó que otro de los objetivos fue que la comunidad académica y estudiantil tome conciencia del problema que implica la mala nutrición en México y sopesen las consecuencias de no tener una buena educación alimentaria.

“No debemos olvidar que, cada año, aproximadamente ocho mil personas mueren en nuestro país debido a la desnutrición y más de 80 mil lo hacen por complicaciones de la diabetes mellitus tipo 2, enfermedad que se previene con una buena alimentación”