La inseguridad en México ha sido un tema que se ha agudizado en los dos sexenios panistas y en el año que tiene gobernando el PRI, pensar que Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña son culpables de este problema que ha flagelado a nuestra sociedad mexicana, es la salida más fácil para nosotros como ciudadanos, pues el gobierno es el responsable de brindarnos seguridad.

Sin embargo, la educación que hemos recibido desde los años 70, 80 y parte de los 90 en México a través de uno de los medios de comunicación considerado el séptimo arte, el cine, que trató de ser una copia de los superhéroes que salvan al mundo, solo que enfocado al narcotráfico,  actualmente ha tenido sus consecuencias.

Sí, esa es nuestra realidad, quién no recuerda a los hermanos Almada, Julio y Mario, que en esas décadas filmaban películas al por mayor, en algunas ocasiones eran héroes, en otras los malos del cuento, si eran los buenos se mostraban en el rol de policías incorruptibles, si eran los malos, policías corruptos vinculados con el narcotráfico o los cabecillas del narco, algo parecido a nuestra realidad actual, ¿o es pura coincidencia?

Ese era el cine que veíamos quienes somos de esas décadas, solo basta recordar qué películas veían los mexicanos, es decir, nuestros abuelos y padres, y por obvias razones nosotros como hijos, al menos los de la clase popular que abarrotaba las taquillas.

Volviendo al tema de la inseguridad en esas películas de los Almada, con actores como Valentín Trujillo, Julio Alemán, Sergio Goyri entre otros muchos, el tema central era cómo acabar con los narcotraficantes o, en su momento, la pelea por las plazas. Era un cine sangriento que mostraba los enfrentamientos entre los buenos y los malos con mucha violencia, pero enseñaban a su auditorio que quienes estaban a favor del narco tenían poder económico, hermosas mujeres y lujos; el costo de ello era poner en riesgo su vida, sin embargo el tiempo que la tuvieran gozaban de todo.

Pero era un cine de ficción, pues a pesar de que este problema del narcotráfico se ha presentado en nuestra sociedad desde hace ya varias décadas, la población no estaba tan flagelada como actualmente, cuando las organizaciones del crimen ya no sólo se conforman con la venta de droga, ahora han encontrado nuevos mercados, como el secuestro, la extorsión al comercio establecido e informal, la trata de personas para servicios sexuales y venta de droga, robo de autos, asalto a mano armada, entre otros crímenes que se enfrentan en México.

Algunos argumentan que es la pérdida de valores, otros que la pobreza y la corrupción son la base de esta problemática que nos mantiene presos y temerosos, pero por el momento nadie se ha percatado que los gobiernos de esa época permitieron que el séptimo arte nos mostrara cómo hacerse rico y poderoso a través del crimen organizado, como se le llama actualmente.

No se ha dicho que los responsables de que muchos recibiéramos esa educación a través de los Almada y otros productores que vieron en este tema la mina de oro que los consagró dentro del gusto de la mayoría de los mexicanos fueron presidentes como Luis Echeverría y José López Portillo, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, quienes permitieron estos filmes sin analizar la temática donde señalan que los mexicanos somos una sociedad desinformada, soñamos y estructuramos nuestra forma de vida basándonos en lo que venden los medios de comunicación masiva.

La realidad actual es una fiel copia de ese cine de ficción de los 70,  los 80 y parte de los 90, simplemente los hermanos Almada cuentan con 100 películas juntos, pero Mario Almada cuenta con un total de 360 películas entre estelares y encabezando repartos.

Este actor y productor de 91 años en varias de sus entrevistas ha señalado que el llamado cine fronterizo, el de historias de policías, narcotraficantes, decomisos, es un género que junto al “cine de ficheras” mantuvo ocupadas las salas populares en la década de los 80. Y fríamente ha señalado “pues sí, hubo narcos que metieron dinero al cine, ¿no? Y salían muy buenas las películas porque era mucho dinero”. Y sin temor a su declaración, platica sobre las relaciones entre narcotraficantes y el séptimo arte: “Algunas novias (de los narcos) entraron de actrices”. Y la que no salía buena, “pues le cortaban el papel. Por eso la bendita edición cinematográfica”, pero se cumplía con ellos en contar parte de su historia de vida, la cual podían ver en las salas de cine.

Ahora sólo basta ver la problemática que enfrentamos y el reto es educar a los nuevos mexicanos sobre el trabajo honesto que no arrebata la vida de nadie y mucho menos su tranquilidad a través del esfuerzo y la lectura.

La realidad ha superado la ficción, los mexicanos necesitamos junto con nuestras autoridades de los tres niveles de gobierno, replantearnos qué México queremos, cómo tenemos que retomar nuestra seguridad, cómo debemos educar a nuestros hijos. Los medios tienen que analizar qué nos están vendiendo y replantear su programación. La moneda está en el aíre, de ello depende el futuro de nuestro país.